💊 Sanación
Poder observar calmamente nuestros pensamientos y emociones y luego tomarnos tiempo para responder permite que el cerebro sanador funcione
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Van der Kolk describe la observación calmada como la puerta al funcionamiento del cerebro sanador

A veces, nuestra mente se siente como una tormenta eléctrica donde los pensamientos chocan entre sí con una fuerza descontrolada. La frase de Bessel van der Kolk nos regala una imagen preciosa: la capacidad de flotar por encima de ese caos, observando las nubes de nuestras emociones sin dejar que nos arrastren. Es esa pausa sagrada, ese instante de calma donde dejamos de ser la tormenta para convertirnos en el cielo que la contiene. Cuando aprendemos a observar nuestras emociones con objetividad, le damos a nuestro cerebro el espacio necesario para empezar a reparar lo que está roto.

En el día a día, esto no significa que las emociones dejen de ser intensas, sino que aprendemos a no reaccionar de inmediato. Imagina que estás en medio de una discusión difícil o que recibes una noticia que te genera mucha ansiedad. Tu primer impulso podría ser gritar, llorar o huir. Sin embargo, si logras hacer esa pausa, si logras observar ese nudo en el estómago como algo que está pasando pero que no te define, permites que tu sistema nervioso se regule. Es en ese silencio, entre el estímulo y la respuesta, donde ocurre la verdadera sanación.

Recuerdo una tarde en la que yo misma me sentía abrumada por mil preocupaciones pequeñas que parecían gigantes. Sentía que mis pensamientos me asfixiaban. En lugar de intentar luchar contra ellos, intenté hacer lo que sugiere la cita: simplemente observar. Me senté en silencio y dije para mis adentros: 'Mira, ahí está el miedo, y ahí está la prisa'. Al no juzgar lo que sentía y simplemente dejar que las emociones estuvieran ahí sin reaccionar con pánico, sentí cómo la tensión en mis hombros empezaba a ceder. Mi cerebro empezó a encontrar un ritmo más tranquilo.

Sanar no es un proceso de borrar lo que sentimos, sino de aprender a navegarlo con suavidad. Es entender que no somos nuestros pensamientos, sino el observador que los escucha. Cuando nos damos permiso para no responder de inmediato, estamos honrando nuestro propio proceso de recuperación y permitiendo que nuestra sabiduría interna tome el mando.

Hoy te invito a que, cuando sientas que la marea sube, no intentes nadar contra ella con desesperación. Intenta simplemente flotar. Tómate un momento para respirar y observar qué está pasando en tu interior sin juzgarte. ¿Podrías intentar hacer una pausa de cinco segundos antes de reaccionar a tu próximo pensamiento difícil?

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