“Dar un nuevo paso, pronunciar una nueva palabra, es lo que más teme la gente.”
Aceptar el miedo a lo nuevo como natural mientras se da el paso de todos modos.
A veces, nos quedamos quietos, como si el mundo fuera un lugar demasiado grande y ruidoso para nosotros. La frase de Dostoievski nos recuerda algo muy profundo sobre nuestra naturaleza humana: el miedo no suele venir de los grandes desastres, sino de la pequeña y sutil posibilidad de lo nuevo. Decir una palabra diferente, probar un camino distinto o incluso cambiar una opinión pequeña puede sentirse como saltar al vacío. Ese temor es, en realidad, una señal de que estamos frente a una oportunidad de crecimiento, aunque nuestro corazón lata con fuerza por la incertidía.
En el día a día, este miedo se disfraza de rutina. Es esa sensación de querer inscribirte en una clase de pintura pero quedarte mirando el folleto sin llamar, o querer decirle a alguien cuánto lo aprecias pero dejar las palabras atrapadas en la garganta. Nos aferramos a lo conocido porque lo conocido es seguro, aunque a veces sea un poco gris. El problema es que, al evitar ese pequeño paso o esa nueva palabra, nos estamos quedando estancados en una versión de nosotros mismos que ya no nos representa del todo.
Recuerdo una vez que yo misma, en mis días de más dudas, sentía que no podía empezar un nuevo proyecto de escritura. Tenía miedo de que mis palabras no fueran lo suficientemente dulces o que nadie quisiera leerlas. Me sentía como un pequeño patito temeroso frente a un estanque gigante. Pero un día, decidí que el miedo no podía ser el dueño de mi pluma. Simplemente escribí la primera frase, una palabra nueva, un pequeño paso. Y de repente, el estanque ya no parecía tan aterrador, sino lleno de posibilidades.
No necesitas dar un salto gigante hoy. No tienes que cambiar toda tu vida de un momento a otro. Solo necesitas permitirte la vulnerabilidad de intentar algo distinto, por pequeño que sea. Tal vez sea saludar a un vecino, probar un sabor nuevo o simplemente decir una verdad que has estado guardando. La próxima vez que sientas ese nudo en el estómago ante lo desconocido, respira profundo y recuerda que ese miedo es solo el preludio de una nueva aventura esperando a ser vivida.
