A veces la vida se siente como una tormenta que nos empuja hacia abajo, y lo primero que intentamos hacer es luchar contra ella. La hermosa frase de Jon Kabat-Zinn nos recuerda que para elevarnos por encima de las dificultades, necesitamos dos alas fundamentales: la atención plena y la compasión. No podemos volar solo con una. Si solo nos enfocamos en observar cada detalle de nuestro dolor sin amabilidad, nos hundiremos en la tristeza. Pero si intentamos ser amables sin estar presentes, nuestra bondad será superficial y sin raíz. Necesitamos estar presentes para entender qué nos duele y, desde esa presencia, abrazarnos con ternura.
Imagina que estás caminando por un sendero lleno de piedras sueltas. La atención plena es esa luz que te permite ver dónde pisas, permitiéndote notar cada irregularidad del camino sin juzgarla. La compasión, por otro lado, es la suavidad con la que tratas a tus pies cuando tropiezas. En el día a día, esto se traduce en cómo reaccionamos cuando cometemos un error en el trabajo o cuando sentimos que no somos suficientes. Sin la atención, no nos damos cuenta de que estamos sufriendo; sin la compasación, el darse cuenta se convierte en una forma de castigo.
Hace poco, yo misma pasé por un momento de mucha frustración porque no lograba terminar una tarea importante. Mi mente estaba en mil lugares a la vez, perdida en la ansiedad del futuro. Al notar esto, intenté aplicar estas dos alas. Primero, respiré y me di cuenta de mi agitación, eso fue mi atención plena. Luego, en lugar de regañarme por mi falta de concentración, me dije suavemente: está bien, estás cansada y es normal sentirse así. Ese pequeño acto de compasión hizo que la tensión en mis hombros desapareciera y que pudiera volver a empezar con mucha más calma.
Te invito hoy a que observes tu propio vuelo. Si sientes que te falta fuerza, pregúntate si estás siendo demasiado dura contigo misma o si estás demasiado desconectada de lo que sientes. No intentes forzar el vuelo, simplemente intenta equilibrar tus alas. Tómate un momento para respirar y, en ese respiro, trata de ser tan presente como puedas y tan amable como te sea posible. Verás que, poco a poco, el cielo empezará a verse mucho más despejado.
