A veces, nos despertamos y, sin darnos cuenta, nos ponemos una armadura de pensamientos pesados. Abrimos los ojos y lo primero que llega a nuestra mente es una lista de preocupaciones, un reproche por algo que no hicimos ayer o un miedo sobre lo que pasará mañana. La hermosa frase de Elizabeth Gilbert nos invita a cambiar esta dinámica. Nos sugiere que nuestros pensamientos no son simples eventos accidentales que nos suceden, sino prendas que decidimos vestir. Al igual que elegimos un abrigo cálido para un día de frío o una camisa ligera para la primavera, tenemos el poder de elegir qué ideas queremos que nos acompañen durante el día.
Imagina por un momento que tu mente es un armario infinito. Si cada mañana eliges solo prendas oscuras, desgastadas o que te quedan demasiado apretadas, es natural que te sientas incómodo y sin energía. Lo mismo ocurre con la mente. Si permites que el pensamiento de la insuficiencia o la autocrítica sea lo primero que te pones, caminarás por el mundo con una carga innecesaria. Aprender a seleccionar nuestros pensamientos significa reconocer aquellos que nos restan luz y decidir, con mucha suavidad pero con firmeza, no ponérnoslos hoy.
Hace poco, me encontré en una situación muy similar. Estaba preparando algo especial para mis amigos y, de repente, una ola de pensamientos negativos me invadió. Empecé a pensar que no sería lo suficientemente buena, que todo saldría mal y que nadie disfrutaría del momento. Me sentí atrapada en un conjunto de pensamientos muy gris y pesado. En ese instante, recordé esta enseñanza y me detuve. Respiré profundo y me pregunté: ¿Este pensamiento me ayuda a disfrutar o me está apretando el pecho? Decidí quitarme ese pensamiento de encima y, en su lugar, elegí uno de gratitud por la oportunidad de compartir con mis seres queridos. Fue como cambiar un suéter de lana áspera por uno de algodón suave.
Este proceso no es algo que se logre de la noche a la mañana, es una práctica diaria de cuidado personal. No se trata de ignorar la realidad o de vivir en una fantasía, sino de ser selectivos con lo que permitimos que habite en nuestro espacio mental. Es un acto de amor propio decidir que no todos los pensamientos merecen un lugar en tu outfit mental de hoy.
Hoy te invito a que, antes de empezar tus tareas, revises tu armario mental. Si encuentras un pensamiento que te hace sentir pequeño o triste, déjalo en el estante y busca algo que te brinde un poco más de paz o esperanza. ¿Qué prenda mental vas a elegir para vestir tu alma hoy?
