A veces pasamos la vida entera intentando alcanzar una orilla lejana, convencidos de que la felicidad nos espera justo después de la próxima meta, del próximo ascenso o de las próximas vacaciones. La frase de Sharon Salzberg nos recuerda con mucha dulzura que la atención plena no se trata de viajar hacia un destino nuevo o de transformar nuestra realidad en algo distinto, sino de aprender a habitar el presente con todo lo que somos. Es un llamado a dejar de correr y empezar a observar el paisaje que ya tenemos frente a nosotros.
En el día a día, es tan fácil perderse en el ruido de la lista de tareas pendientes. Nos sentamos a desayunar, pero nuestra mente ya está en la reunión de las diez de la mañana. Caminamos por el parque, pero nuestros pensamientos están atrapados en una conversación que tuvimos ayer. Vivimos como si estuviéramos en una sala de espera, esperando que la vida real comience cuando las circunstancias sean perfectas. Sin embargo, la vida real está ocurriendo precisamente en ese bocado de tostada, en ese viento suave en la cara y en el sonido de nuestros propios pasos.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy abrumada, sintiendo que mi mente era un torbellino de preocupaciones. Estaba intentando leer un libro, pero cada página que pasaba me sentía más frustrada porque no podía concentrarme. En ese momento, decidí dejar de luchar contra mis pensamientos e intentar simplemente notar cómo se sentía el peso de mi cuerpo en el sofá y el calor de mi taza de té entre las manos. No intenté cambiar mi ansiedad, solo decidí estar allí, con ella, en ese pequeño rincón de mi sala. De repente, el mundo dejó de parecer una carrera y se convirtió en un lugar seguro.
Como siempre les digo aquí en DuckyHeals, no necesitamos buscar magia fuera de nosotros; la magia está en la capacidad de notar lo que ya es. Estar presente puede ser difícil al principio, pero es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos cada vez que decidimos respirar y observar.
Hoy te invito a que hagas una pequeña pausa. No busques resolver nada ni cambiar nada. Solo intenta, durante un minuto, notar dónde están tus pies y cómo se siente el aire en tus pulmones. Permítete, simplemente, estar donde estás.
