A veces, cuando escuchamos la palabra trauma, nuestra mente viaja inmediatamente hacia aquel evento difícil, ese momento de dolor o pérdida que nos marcó. Sin embargo, las palabras de Gabor Mate nos invitan a mirar un poco más profundo, hacia el lugar donde el eco de ese evento sigue resonando. El trauma no es solo la cicatriz externa, sino la forma en que nuestro corazón aprendió a protegerse, creando muros de miedo, ansiedad o desconexión. Es lo que sucede en nuestro mundo interior, en esa pequeña habitación de nuestra alma que se quedó congelada en el tiempo tratando de sobrevivir.
En la vida cotidiana, esto se manifiesta de formas muy sutiles. Puede ser esa sensación de nudo en el estómago cuando alguien levanta la voz, o esa tendencia a alejarnos de las personas cuando empezamos a sentirnos demasiado vulnerables. No es que seamos débiles, es que nuestro sistema interno está intentando aplicar una lección de supervivencia que aprendió hace mucho tiempo. Reconocer que el problema no es el evento en sí, sino la respuesta que nuestro cuerpo desarrolló para protegernos, es el primer paso para dejar de culparnos por nuestra propia sensibilidad.
Recuerdo una vez que ayudaba a una amiga que no lograba entender por qué siempre se sentía tan ansiosa en situaciones de calma. Ella sentía que algo estaba mal con ella, que su paz era defectuosa. Al conversar, nos dimos cuenta de que su ansiedad no era un error de fábrica, sino una guardia constante que su mente había erigido tras una etapa de mucha incertidumbre. Cuando empezamos a ver su ansiedad no como una enemiga, sino como una protectora cansada que necesitaba permiso para descansar, su proceso de sanación comenzó a cambiar. Empezó a entender que sanar no era borrar el pasado, sino suavizar esa respuesta interna.
Sanar, entonces, es el hermoso proceso de revertir esa respuesta. Es como volver a abrir las ventanas de una habitación que estuvo cerrada por mucho tiempo para que el aire fresco pueda entrar de nuevo. Es un trabajo paciente, lleno de compasión hacia uno mismo, donde cada pequeño paso hacia la seguridad y el amor propio ayuda a deshacer esos nudos internos. No se trata de olvidar lo que pasó, sino de transformar la forma en que lo llevamos dentro de nosotros.
Hoy te invito a que te observes con mucha ternura. Si sientes que hay una parte de ti que está a la defensiva o asustada, no la rechaces. Pregúntate con suavidad qué está intentando proteger y qué necesitaría para sentirse a salvo otra vez. Permítete ser el refugio que tu interior tanto necesita.
