A veces, la vida nos presenta tormentas tan fuertes que terminamos sintiéndonos culpables por el simple hecho de estar mojados. La frase de Gabor Mate nos invita a mirar de frente una de las verdades más transformadoras de la existencia: hay una diferencia enorme entre lo que nos sucedió y lo que decidimos hacer con esas cicatrices. No somos responsables de las heridas que otros nos causaron, ni de las circunstancias difíciles que nos tocó enfrentar en nuestra infancia o en nuestro pasado. Sin embargo, el momento en que dejamos de buscar culpables y empezamos a asumir el cuidado de nuestro propio corazón, es cuando la verdadera magia de la sanación comienza a ocurrir.
Imagina por un momento a una persona que lleva años cargando una mochila llena de piedras pesadas. Cada piedra representa un error, un abandono o una palabra hiriente que recibió. Durante mucho tiempo, esa persona se ha sentido agotada y se pregunta por qué la vida es tan injusta, buscando desesperadamente quién le quitó la ligereza. Pero un día, en medio de un silencio profundo, comprende que aunque no puso esas piedras en su mochila, ahora tiene la fuerza y las manos necesarias para empezar a sacarlas una por ciento. Ese cambio de perspectiva, de la victimización a la agencia personal, es lo que redefine nuestro destino.
Yo misma, en mis días más nublados, he sentido ese peso. Recuerdo una vez que me sentía atrapada en una tristeza que no me pertenecía, como si fuera una sombra que me perseguía sin razón. Pasé mucho tiempo preguntándome qué había hecho mal para merecer ese vacío. Pero, al igual que les cuento en mis pequeños refugios de palabras, aprendí que entender el origen de mi dolor era el primer paso, pero abrazar mi capacidad de cuidarme era el paso definitivo. No era mi culpa sentirme así, pero sí era mi deber ser amable conmigo misma para encontrar la salida.
Sanar no es un proceso lineal y no significa olvidar lo que pasó, sino aprender a vivir con una nueva narrativa donde tú eres la protagonista de tu bienestar y no solo una sobreviviente de tus circunstancias. Es un acto de valentía inmenso reclamar tu poder de nuevo. Te invito hoy a que te preguntes con mucha ternura: ¿qué parte de tu dolor estás lista para empezar a cuidar hoy? No necesitas hacerlo todo a la vez, solo necesitas dar el primer paso hacia tu propio refugio de paz.
