“No preguntes por qué la adicción, sino por qué el dolor; comprende el dolor y podrás empezar a sanar.”
Comprender la raíz del dolor es la clave para la sanación.
A veces nos perdemos intentando descifrar el rompecabezas de nuestros malos hábitos o de esas conductas que tanto nos duelen. Nos preguntamos constantemente por qué no podemos dejar de hacer algo, por qué caemos en lo mismo una y otra vez, enfocando toda nuestra energía en combatir la superficie. Pero las palabras de Gabor Mate nos invitan a un cambio de perspectiva profundo y necesario. Él nos dice que lo importante no es entender la causa de la adicción, sino comprender el dolor que la sostiene. Es un llamado a dejar de juzgar el síntoma y empezar a escuchar el grito de auxilio que hay detrás de él.
En la vida cotidiana, esto se traduce en dejar de pelear con nosotros mismos por nuestras debilidades y empezar a ser curiosos con nuestro sufrimiento. Imagina que tienes una pequeña planta que se está marchitando. Si solo te enfocas en pintar las hojas de verde para que parezcan sanas, la planta seguirá muriendo por dentro. Lo que realmente necesitas es revisar la tierra, la humedad y la luz. Del mismo modo, nuestras conductas difíciles son solo las hojas marchitas; el dolor emocional es la raíz que necesita atención y cuidado.
Recuerdo una vez que me sentía muy abrumada por la ansiedad, refugiándome en el aislamiento y la comida constante. Durante mucho tiempo, me culpé por no tener fuerza de voluntad, sintiéndome frustrada por mi propia incapacidad de cambiar. Pero un día, decidí dejar de preguntarme por qué comía tanto y empecé a preguntarme qué vacío estaba intentando llenar. Descubrí que mi ansiedad era un escudo contra una soledad muy profunda que no me atrevía a mirar. Al empezar a abrazar ese dolor en lugar de luchar contra el síntoma, el camino hacia la sanación se volvió mucho más suave.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no tienes que ser perfecta para empezar a sanar. No necesitas tener todas las respuestas sobre tus errores, solo necesitas tener la valentía de mirar tus heridas con compasión. La sanación no comienza con la disciplina rígida, sino con la comprensión amable de lo que tu corazón está intentando decirte a través de ese dolor. No te presiones por cambiar de la noche a la mañana, solo intenta entenderte un poquito mejor hoy.
Hoy te invito a que, en un momento de calma, cierres los ojos y te preguntes con mucha ternura: ¿qué dolor estoy intentando calmar con este hábito? No busques juzgarte, solo busca comprender. Escucha esa parte de ti que sufre y dale el permiso de ser escuchada.
