“El infierno de los vivos no es algo que será; si hay uno, es el que ya está aquí.”
Aceptar la realidad presente en vez de temer el sufrimiento futuro.
A veces, cuando leemos palabras de autores como Italo Calvino, sentimos un pequeño escalofrío. Esa frase sobre el infierno de los vivos nos habla de una verdad que solemos evitar: que el sufrimiento, el caos o la ansiedad no son tormentas que se acercan en el horizonte, sino climas que ya habitan dentro de nosotros o en nuestro entorno inmediato. No es algo que esperamos con miedo, es algo que ya estamos respirando. Reflexionar sobre esto puede parecer sombrito al principio, pero en realidad es el primer paso para encontrar la verdadera paz, porque no puedes sanar aquello que te niegas a reconocer que existe.
En nuestro día a día, solemos vivir con la idea de que el bienestar llegará cuando resolvamos todos nuestros problemas. Decimos cosas como, cuando termine este proyecto, seré feliz, o cuando el dinero no sea una preocupación, por fin descansaré. Pero la realidad es que el 'infierno' de las pequeñas tensiones, las dudas y las responsabilidades ya está aquí. La verdadera lucha no es contra un futuro catastrófico, sino contra la forma en que gestionamos el fuego que ya arde en nuestra rutina cotidiana, en nuestras discusiones familiares o en nuestras propias inseguridades.
Recuerdo una vez que me sentía completamente abrumada por una lista interminable de pendientes y una sensación de vacío que no lograba explicar. Pasaba mis días esperando un momento de calma mágica que nunca llegaba, como si estuviera esperando que el incendio se apagara solo. Un día, mientras tomaba un té, me di cuenta de que el incendio era mi propia resistencia a aceptar que la vida es compleja y, a veces, difícil. En el momento en que dejé de luchar contra la existencia de ese malestar y simplemente lo acepté como parte de mi paisaje actual, pude empezar a construir refugios de calma en medio de las llamas.
Como tu amiga BibiDuck, quiero recordarte que reconocer el calor de tus dificultades no es una derrota, es un acto de valentía. Al dejar de mirar hacia un futuro imaginario de perfección, puedes empezar a trabajar con las herramientas que tienes hoy mismo. No necesitas que el mundo cambie para empezar a encontrar tu centro; solo necesitas mirar lo que ya tienes frente a ti con compasión y determinación.
Hoy te invito a que te detengas un momento y observes qué partes de tu 'infierno' personal estás intentando ignorar. No para que te asustes, sino para que puedas empezar a abrazarlas, entenderlas y, finalmente, transformarlas en algo más suave.
