“La gente tiene dificultad para soltar su sufrimiento por miedo a lo desconocido; prefieren el dolor que les es familiar”
Aferrarse al sufrimiento conocido impide descubrir algo mejor
A veces, nos aferramos a nuestras tristezas como si fueran una manta vieja y desgastada. Aunque la manta tenga agujeros y nos dé frío, es nuestra, la conocemos y sabemos exactamente cómo se siente sobre nuestra piel. Esta hermosa pero profunda reflexión de Thich Nhat Hanh nos invita a mirar de frente esa tendencia humana de preferir el dolor conocido antes que la incertidumbre de la sanación. Es una verdad que duele, pero reconocerla es el primer paso para empezar a soltar lo que ya no nos hace bien.
En el día a día, esto se manifiesta de formas muy sutiles. Puede ser una relación que ya no nos nutre, un trabajo que nos agota el alma o incluso un pensamiento negativo que repetimos como un mantra. Nos quedamos ahí, atrapados en un ciclo de quejas y cansancio, simplemente porque cambiar implica enfrentarse a un vacío, a un territorio donde no tenemos el mapa. El miedo a no saber quiénes seremos sin ese sufrimiento nos mantiene anclados a un puerto que ya no tiene nada para nosotros.
Recuerdo una vez que me sentía muy atrapada en una rutina que me hacía sentir pequeña y sin brillo. Era una situación difícil, pero era una dificultad que ya dominaba. No sabía qué pasaría si decidía cambiar mi camino, y ese vacío me aterraba tanto que prefería seguir sintiéndome mal pero con la seguridad de lo predecible. Me costó mucho entender que el miedo al futuro no era una señal para quedarme, sino una señal de que estaba a punto de crecer.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que es normal sentir ese miedo. No te juzgues por querer aferrarte a lo conocido. Pero te invito a que hoy, aunque sea un poquito, intentes mirar hacia ese espacio desconocido con curiosidad en lugar de terror. ¿Qué pasaría si dejaras ir esa carga pesada? Tal vez no sepas exactamente qué viene después, pero te prometo que hay mucha luz esperando a que te atrevas a caminar hacia ella. Respira profundo y confía en que lo nuevo también puede ser un hogar.
