A veces nos aferramos a las cosas, a las personas y a las versiones de nosotros mismos como si pudiéramos detener el tiempo con nuestras propias manos. La hermosa y profunda frase de Octavia Butler nos recuerda que la vida no es estática. Todo lo que tocamos deja una huella, pero lo más importante es que esa huella también nos transforma a nosotros. No somos observadores pasivos del mundo, sino participantes activos en un baile constante de transformación. Cada decisión, cada abrazo y cada despedida nos esculpe de una manera única.
En nuestra rutina diaria, solemos olvidar este poder transformador. Pensamos que simplemente estamos pasando por los días, pero en realidad, estamos siendo moldeados por cada pequeña interacción. El café que compartes con un amigo, el libro que lees por la tarde o incluso la forma en que cuidas tu jardín, todo tiene un efecto de ida y vuelta. No puedes tocar la vida sin que la vida te toque a ti. Es un ciclo infinito de influencia mutua que nos conecta con todo lo que nos rodea.
Recuerdo una vez que intenté empezar un pequeño huerto en mi patio, pensando que yo sería la única que cambiaría el entorno. Me esforcé por preparar la tierra y plantar semillas con mucha dedicación. Sin embargo, con el paso de las semanas, me di cuenta de que el proceso de cuidar esas plantas me estaba cambiando a mí. La paciencia que aprendí esperando los brotes, la humildad de aceptar que no controlo el clima y la alegría de ver una flor nacer, todo eso me transformó. El jardín cambió, sí, pero yo ya no era la misma persona que empezó a cavar la tierra.
Es natural sentir miedo ante la idea de que el cambio es la única verdad permanente. El cambio puede sentirse como una pérdida o como una incertidumbre que nos quita el suelo bajo los pies. Pero, si lo miras con ojos de amor, el cambio es la única oportunidad que tenemos para crecer y renovarnos. Si nada cambiara, nos quedaríamos estancados en un lugar sin luz. La transformación es la esencia misma de estar vivos.
Hoy te invito a que reflexiones sobre qué partes de tu vida estás tocando actualmente. ¿Qué huellas estás dejando en los demás y qué huellas están dejando ellos en ti? No temas a las transformaciones que están ocurriendo en tu corazón. Abraza el cambio con la confianza de que cada nueva etapa es una oportunidad para florecer de nuevo.
