A veces, la voz más crítica y ruidosa no viene de afuera, sino de ese rincón profundo de nuestra propia mente que teme al fracaso. Esta hermosa frase de Van Gogh nos recuerda que la duda tiene una debilidad: no puede sobrevivir a la acción. Cuando esa voz interna susurra que no eres lo suficientemente bueno, que no tienes el talento o que es demasiado tarde para empezar, la única respuesta real no es discutir con ella, sino demostrarle lo contrario a través de la práctica y la entrega.
En nuestra vida cotidiana, esa voz suele disfrazarse de lógica. Nos dice que no deberíamos emprender ese nuevo curso, que no intentemos escribir ese poema o que no nos atrevamos a buscar ese ascenso porque 'no estamos preparados'. Es una voz que busca protegernos del ridículo, pero que en realidad nos encierra en una jaula de estancamiento. La magia ocurre cuando decidimos ignorar el juicio interno y simplemente tomamos el pincel, la pluma o la herramienta que nos apasiona.
Recuerdo una vez que me sentía muy pequeña frente a un nuevo proyecto de escritura. Sentía que mis palabras no tenían peso y que nadie querría leer lo que yo tenía que decir. Esa voz me decía constantemente que era mejor quedarme en silencio para no decepcionar a nadie. Pero decidí, como un pequeño acto de rebeldía, escribir una sola página cada mañana. Al principio, la voz seguía ahí, pero poco a poco, al ver el progreso en el papel, el ruido se fue apagando hasta convertirse en un suave murmullo que ya no podía detenerme.
No necesitas ser un maestro desde el primer trazo. El objetivo no es la perfección inmediata, sino el acto de crear y de existir plenamente en lo que haces. Cada vez que eliges actuar a pesar del miedo, le estás quitando poder a la duda y construyendo una nueva narrativa sobre quién eres realmente.
Hoy te invito a que identifiques esa pequeña voz que intenta limitarte. No intentes luchar contra ella con argumentos, simplemente busca esa actividad que te hace vibrar y comienza a realizarla. Toma el pincel, inicia el proyecto, da el primer paso. Verás que, mientras tus manos trabajan, el silencio llegará por sí solo.
