A veces pensamos que para encontrar la paz necesitamos vaciar nuestras manos de todo lo que nos rodea, como si la felicidad dependiera de una limpieza profunda de nuestras posesiones o de nuestra vida social. Pero la hermosa frase de Shunryu Suzuki nos invita a mirar de una manera distinta. Renunciar no se trata de un acto de desprendimiento forzado o de vivir en la carencia, sino de abrazar la naturaleza transitoria de todo lo que amamos. Es entender que las estaciones cambian, que las flores se marchitan y que las etapas de nuestra vida tienen un principio y un fin natural.
En el día a día, esto se traduce en aprender a soltar la resistencia. Nos aferramos a momentos, a personas o incluso a versiones antiguas de nosotros mismos, intentando detener el tiempo con nuestras propias manos. Esa lucha constante por mantener lo que ya se está desvaneciendo es lo que realmente nos causa sufrimiento. La verdadera libertad llega cuando dejamos de luchar contra el flujo de la vida y empezamos a aceptar que lo que hoy nos llena de alegría, mañana será un hermoso recuerdo que nos acompañará, pero que ya no ocupará el presente.
Recuerdo una vez que intenté aferrarme con todas mis fuerzas a un proyecto que significaba mucho para mí. Pasé noches sin dormir, angustiada porque sentía que si no lograba que funcionara, algo en mi interior se rompería. Estaba tan enfocada en no perder esa idea que no podía disfrutar de los pequeños éxitos que sí estaban ocurriendo. Solo cuando acepté que ese ciclo estaba llegando a su fin, pude ver que la energía que estaba gastando en la resistencia podía usarla para algo nuevo y vibrante. Al aceptar que las cosas pasan, dejé de sentirme vacía y empecé a sentirme renovada.
Como tu amiga BibiDuck, siempre estaré aquí para recordarte que no necesitas deshacerte de tu mundo para ser feliz, solo necesitas aprender a caminar con él. No temas a los cambios ni a los finales, porque cada final es el suelo fértil donde crece algo nuevo. Hoy te invito a que cierres los ojos y pienses en algo que te esté costando soltar. Pregúntate si puedes permitirle fluir, no con tristeza, sino con la gratitud de haberlo vivido. Deja que lo que debe partir, parta, y mantén tu corazón abierto para lo que está por llegar.
