“Nuestros cuerpos no son un obstáculo a superar sino un regalo a celebrar, y celebrarlos es sanación”
Taylor nos invita a celebrar nuestros cuerpos como regalos en lugar de verlos como obstáculos
A veces pasamos gran parte de nuestra vida en una lucha constante contra nosotros mismos. Miramos al espejo y, en lugar de ver un hogar, vemos una lista de errores, de marcas que no deberían estar ahí o de formas que no encajan con un estándar imposible. La hermosa frase de Sonya Renee Taylor nos invita a cambiar radicalmente esa perspectiva. Nos recuerda que nuestro cuerpo no es un enemigo al que hay que derrotar ni un obstionáculo que debemos corregir para ser dignos de amor; es, en esencia, el vehículo sagrado que nos permite experimentar cada abrazo, cada sabor y cada puesta de sol. Ver nuestro cuerpo como un regalo es el primer paso hacia una verdadera sanación emocional.
En el día a día, esta mentalidad se pone a prueba constantemente. Vivimos rodeados de imágenes que nos dicen que debemos ser diferentes, y es muy fácil caer en la trampa de la autocrítica. Es esa voz interna que aparece cuando nos probamos un pantalón que no cierra o cuando sentimos cansancio tras una larga jornada. Sin embargo, la sanación ocurre cuando decidimos dejar de pelear. Cuando empezamos a agradecerle a nuestras piernas por sostenernos, a nuestros pulmones por respirar sin que tengamos que pedírselo y a nuestros brazos por permitirnos acariciar a quienes amamos, algo mágico sucede en nuestro corazón.
Recuerdo una vez que me sentía muy frustrada porque no podía seguir el ritmo de una clase de baile. Me sentía torpe y sentía que mi cuerpo me estaba fallando, como si fuera un estorbo para mi propia diversión. Pero entonces, me detuve un momento y respiré profundo. En lugar de enfocarme en lo que no podía hacer, agradecí la fuerza de mis pies para mantenerme en equilibrio y la alegría de sentir la música vibrando en mi pecho. Ese pequeño cambio de enfoque, de la crítica a la celebración, transformó mi frustración en una profunda sensación de paz. Fue un pequeño acto de celebración que me sanó por dentro.
Te invito hoy a que hagas este ejercicio conmigo. No necesitas hacer cambios drásticos ni alcanzar una perfección inexistente. Simplemente, la próxima vez que te mires al espejo, intenta encontrar una sola cosa por la cual agradecer. Puede ser la suavidad de tu piel, la fuerza de tus manos o incluso la capacidad de tus ojos para ver la belleza del mundo. Permítete celebrar tu existencia tal como es ahora mismo. Tu cuerpo ha estado contigo en cada batalla y cada triunfo, y merece ser honrado con amor y gratitud.
