A veces, la vida se siente como una serie de tropiezos inesperados. Esa frase de Vince Lombardi nos recuerda que el verdadero valor no reside en nuestra capacidad para evitar las caídas, sino en la fuerza que encontramos para ponernos de pie una vez más. Caerse es algo humano, algo natural que nos sucede a todos, sin importar qué tan preparados creamos estar. Lo que realmente define nuestro camino no es el golpe, sino el movimiento que hacemos después de tocar el suelo.
En el día a día, esto se traduce en esos momentos donde un proyecto no sale como esperábamos, cuando una relación se enfría o cuando simplemente un mal día parece no tener fin. Es muy fácil quedarse sentado en el suelo, lamentándonos por el dolor del impacto o por lo que pudo haber sido. Sin embargo, la resiliencia nace precisamente en ese instante de duda, cuando decidimos que el polvo de la caída no será nuestra única compañía.
Recuerdo una vez que me sentía muy desanimada porque algo que había planeado con mucho cariño falló estrepitosamente. Me quedé un tiempo mirando el vacío, sintiendo que el fracaso era algo permanente. Pero luego, poco a poco, empecé a recoger los pedacitos, a aprender de lo que salió mal y a intentar un pequeño paso nuevo. No fue un gran salto heroico, fue simplemente un pequeño movimiento hacia adelante, y eso fue suficiente para empezar a sanar.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no te castigues por haber caído. No te enfoques en la dureza del suelo, sino en la increíble capacidad que tienes en tus piernas para impulsarte de nuevo. Cada vez que te levantas, te vuelves un poco más sabio y un poco más fuerte, aunque al principio no lo sientas así.
Hoy te invito a que, si sientes que estás en el suelo, no te presiones para correr un maratón de inmediato. Solo intenta sentarte un momento, respira profundo y busca la fuerza para dar el primer paso. ¿Qué pequeña acción podrías hacer hoy para empezar a levantarte?
