A veces, cuando miro el cielo estrellado o me pierdo en las páginas de un libro viejo, me siento tan pequeña que casi desaparezco. Esta hermosa frase de Borges nos invita a pensar que nuestra identidad no es un muro cerrado, sino un mosaico infinito. No somos solo un nombre o un cuerpo, sino el eco de cada palabra que nos conmovió, la huella de cada persona que cruzó nuestro camino y la calidez de cada amor que nos ha transformado. Es una idea liberadora porque nos dice que nunca estamos realmente solos; estamos hechos de otros.
En el día a día, solemos esforzarnos demasiado por construir una identidad sólida y única, como si tuviéramos que ser una isla impenetrable. Pero, ¿qué pasaría si nos permitiéramos ser un poco más fluidos? Piensa en esa canción que te hace llorar, o en ese consejo de tu abuela que aún resuena en tu mente cuando tomas una decisión difícil. Esos fragmentos de otros viven en ti. Tu esencia es una hermosa colección de encuentros, de lecturas compartidas y de abrazos que te hicieron sentir seguro.
Recuerdo una tarde en la que yo, tu pequeña amiga BibiDuck, me sentía un poco perdida y sin propósito. Sentía que no tenía nada propio que ofrecer al mundo. Pero entonces, empecé a recordar las historias que me han contado, las lecciones de los maestros que he conocido y la ternura de los amigos que me han cuidado. De repente, me di cuenta de que mi propia alegría era, en realidad, una suma de todas esas bondades. No era una entidad aislada, sino un refugio construido con los tesoros de los demás.
Esta perspectiva cambia la forma en que vemos nuestras relaciones y nuestras lecturas. Cada vez que escuchas con atención a alguien o te sumerges en una historia, estás enriqueciendo tu propio ser. No estás perdiendo tu identidad, la estás expandiendo. Estás permitiendo que el universo se manifieste a través de ti de formas nuevas y maravillosas.
Hoy te invito a que hagas una pequeña pausa y cierres los ojos. Intenta identificar una palabra, un gesto o un recuerdo de alguien más que viva dentro de ti. Celebra ese pedacito de otra persona que te habita, porque es precisamente eso lo que te hace un ser tan completo y lleno de luz.
