“No es cierto que la gente deje de perseguir sueños porque envejece; envejece porque deja de perseguir sueños.”
Aceptar el envejecimiento sin dejar nunca de perseguir los sueños.
A veces pensamos que el paso del tiempo es un enemigo silencioso que va apagando nuestra luz poco a poco. Miramos el calendario y sentimos que ciertas metas ya no nos pertenecen, como si la edad fuera una barrera infranqueable que nos prohíbe soñar con colores brillantes. Pero las palabras de Gabriel García Márquez nos invitan a una reflexión mucho más profunda y liberadora. Él nos sugiere que la vejez no es un proceso inevitable de pérdida de entusiasmo, sino que la verdadera decadencia ocurre cuando decidimos cerrar las puertas de nuestra imaginación y dejar de perseguir aquello que hace que nuestro corazón lata con fuerza.
En el día a paso cotidiano, es muy fácil caer en la rutina de la comodidad. Nos acostumbramos a lo seguro, a lo que ya conocemos, y dejamos de lado esos pequeños proyectos que alguna vez nos hicieron vibrar. Creemos que porque han pasado los años, ya no es el momento de aprender un nuevo idioma, de retomar la pintura o de emprender ese pequeño negocio que siempre guardamos en un cajón. Sin embargo, la vitalidad no reside en la juventud de nuestra piel, sino en la persistencia de nuestros anhelos. El cansancio real no viene de los años vividos, sino de la falta de propósito que nos rodea.
Recuerdo a una vecina muy querida, una señora que siempre tenía una sonrisa dulce para todos. Ella me contaba que, a sus setenta años, había decidido inscribirse en clases de fotografía. Al principio, le daba miedo no poder entender la tecnología, pero su mirada brillaba con una curiosidad que yo no veía en personas mucho más jóvenes. Ella no se estaba haciendo vieja; ella estaba floreciendo de nuevo porque se permitió volver a soñar. Verla recorrer las calles buscando la luz perfecta me enseñó que mientras haya una meta que nos motive, la esencia de nuestra juventud permanece intacta.
Yo, como su pequeña amiga BibiDuck, siempre trato de recordar que mi propósito es acompañarte en estos momentos de reflexión. A veces me siento un poco cansada por las vueltas del mundo, pero cuando encuentro una nueva historia que contar o un nuevo sentimiento que explorar, siento que mis alas recuperan toda su fuerza. No permitas que el peso de los años te convenza de que tu tiempo de brillar ya pasó. La edad es solo un número si tu espíritu sigue buscando horizontes nuevos.
Hoy te invito a que cierres los ojos por un momento y pienses en ese sueño que dejaste pausado en algún rincón de tu memoria. No te preguntes si es demasiado tarde, pregúntate qué pequeño paso puedes dar hoy mismo para acercarte a él. Mantén encendida esa chispa, porque mientras sigas persiguiendo tus sueños, siempre serás joven de corazón.
