A veces, mi mente se siente como un pequeño estanque donde las hojas caen sin parar, llenándolo todo de preocupaciones sobre el mañana o nostalgias del ayer. Cuando leo las palabras de Thich Nhat Hanh, siento como si alguien pusiera una mano suave sobre mi hombro y me dijera que todo está bien, siempre y cuando esté aquí. Esta frase nos recuerda que la vida no es una meta a la que llegamos, ni un recuerdo que intentamos retener, sino el latido constante que ocurre justo ahora, en este preciso segundo.
En el día a día, es tan fácil perdernos en el ruido. Corremos de una reunión a otra, revisamos el teléfono mientras cenamos o planeamos la lista de compras mientras intentamos disfrutar de un atardecer. Vivimos en un estado de ausencia constante, estando físicamente en un lugar pero con el corazón y la mente en otro lado. Nos perdemos el sabor del café, el calor del sol en la cara y la risa de un amigo, simplemente porque nuestra mente ha decidido viajar al futuro o al pasado.
Hace unos días, me pasó algo que me hizo reflexionar profundamente. Estaba intentando escribir algo importante mientras pensaba en todas las tareas pendientes para la próxima semana. De repente, me di cuenta de que no estaba leyendo mis propias palabras, solo estaba moviendo los ojos sobre el papel sin entender nada. Me detuve, respiré profundo y decidí observar cómo la luz de la tarde entraba por mi ventana. En ese pequeño instante de presencia, el estrés se disolito y pude sentir la verdadera magia de estar viva.
No necesitas hacer grandes cambios para empezar a vivir este presente. Puedes empezar por notar la textura de tu ropa, el aroma de tu comida o el ritmo de tu propia respiración. Te invito a que hoy, aunque sea por un minuto, dejes de lado el mapa del mañana y simplemente te permitas habitar este momento. La vida te está esperando justo aquí, esperando a que la mires a los ojos.
