A veces, la vida nos presenta nubes grises que parecen no tener fin. Nos quedamos ahí, quietos, bajo un paraguas invisible, esperando que el viento se calme o que el sol vuelva a asomar para poder empezar a vivir de nuevo. La frase de Vivian Greene nos invita a cambiar esa perspectiva de espera pasiva por una de participación activa. No se trata de ignorar que la tormenta existe, sino de entender que nuestra felicidad no puede estar secuestrada por el clima de nuestras circunstancias externas.
En el día a día, esto se traduce en esos momentos donde todo parece salir mal: un error en el trabajo, una discusión con alguien querido o simplemente un día de cansancio extremo. Solemos decirnos: cuando esto se solucione, seré feliz; cuando tenga más dinero, descansaré; cuando el problema desaparezca, sonreiré. Pero la vida sucede precisamente mientras estamos esperando que el cielo se despeje. Aprender a bailar bajo la lluvia es encontrar pequeñas chispas de alegría incluso cuando el suelo está mojado y el frío cala los huesos.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía muy abrumada por una serie de pequeños inconvenientes que parecían una tormenta personal. Estaba sentada en mi rincón favorito, quejándome de la mala suerte, hasta que decidí, simplemente por voluntad propia, preparar una taza de té caliente y poner mi música favorita. No fue el fin de mis problemas, pero ese pequeño acto de disfrutar el presente mientras la lluvia caía afuera me recordó que yo tenía el control sobre mi propio ritmo. Fue mi pequeña danza en medio del caos.
Te invito hoy a que dejes de mirar el horizonte buscando señales de buen tiempo. Mira lo que tienes frente a ti ahora mismo. ¿Qué pequeña cosa puedes disfrutar a pesar de la dificultad? Tal vez sea una respiración profunda, un café rico o una palabra amable para alguien más. No esperes a que la tormenta pase para empezar a disfrutar del camino. Empieza a bailar hoy mismo, con todo y tus gotas de lluvia.
