A veces pasamos la vida entera buscando la felicidad como si fuera un tesoro escondido al final de un largo camino, o quizás como un objeto brillante que podemos comprar en una tienda y guardar en un cajón. Pensamos que cuando tengamos ese ascenso, esa casa nueva o esa relación perfecta, finalmente podremos decir que somos felices. Pero esta hermosa frase de Denis Waitley nos recuerda que la felicidad no es un destino al que se llega, ni algo que se pueda acumular en una cuenta bancaria o lucir como una prenda de ropa elegante. La verdadera felicidad no se posee, se experimenta.
En nuestro día a día, es muy fácil caer en la trampa de la espera. Esperamos a que llegue el fin de semana, esperamos a que las vacaciones comiencen o esperamos a que los problemas desaparezcan para permitirnos sonreír. Sin embargo, si la felicidad es una experiencia espiritual de vivir cada minuto con amor y gratitud, entonces la estamos dejando pasar mientras esperamos que el futuro nos dé permiso para disfrutar. La felicidad está en la textura del café por la mañana, en el rayo de sol que entra por la ventana y en la capacidad de agradecer lo que ya tenemos mientras trabajamos por lo que soñamos.
Recuerdo una tarde en la que me sentía un poco abrumada por mis tareas pendientes. Estaba tan concentrada en lo que me faltaba por hacer que no podía ver lo que ya había logrado. Me senté un momento en el jardín, sentí la brisa fresca en mis plumas y me detuve a observar una pequeña flor que crecía entre las piedras. En ese instante, no necesitaba nada más. No necesitaba terminar mi lista de pendientes para sentir paz; solo necesitaba estar presente y agradecer ese pequeño momento de belleza. Fue un recordatorio de que la gratitud transforma lo que tenemos en suficiente.
Te invito a que hoy, en medio de tu rutina, hagas una pequeña pausa. No esperes a que todo sea perfecto para permitirte sentir gratitud. Mira a tu alrededor y busca tres pequeñas cosas que puedas agradecer en este preciso momento. Puede ser algo tan simple como el aire que respiras o una canción que te gusta. Al hacerlo, estarás empezando a vivir esa experiencia espiritual de la que habla la cita, permitiendo que la felicidad florezca dentro de ti, aquí y ahora.
