Elegir la fe sobre el miedo nos abre a abundantes posibilidades que aún no podemos ver.
A veces me quedo mirando el horizonte, especialmente cuando el cielo está cubierto de nubes grises, y pienso en lo poderosa que es esta frase de Bob Proctor. La fe y el miedo tienen algo en común que solemos olvidar: ambos requieren que nuestra mente acepte una realidad que aún no puede tocar con las manos. Es una danza constante entre lo que imaginamos que nos hará daño y lo que soñamos que nos hará florecer. Al final del día, ambos son formas de creencia, pero la diferencia radica en hacia dónde dirigimos nuestra mirada y qué tipo de energía decidimos alimentar en nuestro corazón.
En nuestra vida cotidiana, esto se manifiesta en los pequeños momentos de duda que nos asaltan al intentar algo nuevo. Imagina que decides inscribirte en ese curso de pintura que tanto te ilusiona, pero de repente, una voz en tu cabeza empieza a susurrar que no tienes talento o que perderás el tiempo. Ese es el miedo reclamando su espacio, pidiéndote que creas en un fracaso invisible. Por otro lado, la fe es esa pequeña chispa que te dice que cada pincelada es una oportunidad de aprender, aunque no veas el cuadro terminado todavía. Ambos sentimientos están ahí, esperando que tú tomes la decisión de a cuál le darás el volante de tu vida.
Recuerdo una vez que me sentía muy pequeña ante un gran cambio en mi entorno. Tenía tanto miedo de no ser capaz de adaptarme que me encerré en mi caparazón, creyendo ciegamente en la inseguridad. Pero entonces, intenté cambiar el enfoque. Empecé a alimentar la idea de que este cambio era una aventura, una oportunidad para crecer. No era que el miedo hubiera desaparecido, sino que elegí darle más peso a la confianza en mi capacidad de aprender. Fue como si, al cambiar mi elección, el paisaje de mis pensamientos se volviera un poco más luminoso y menos amenazante.
Como tu amiga BibiDuck, quiero recordarte que no tienes que luchar para eliminar el miedo por completo, porque es parte de ser humano. Lo que sí puedes hacer es observar tus pensamientos y preguntarte: ¿En qué estoy eligiendo creer hoy? Si hoy te sientes abrumado, intenta buscar una pequeña grieta de luz, una pequeña posibilidad de que las cosas salgan bien. Te invito a que hoy, antes de dormir, pienses en una situación que te asuste y trates de encontrar una pequeña semilla de fe que puedas regar con un pensamiento positivo. Tienes el poder de elegir tu propia historia.
