A veces, nos acostumbramos tanto a caminar por senderos seguros que olvidamos lo que se siente mirar hacia el horizonte y sentir un poco de vértigo. La frase de Bob Proctor nos invita a romper esa pequeña jaula de lo cotidiano y a permitirnos soñar con algo que, de cumplirse, nos deje sin aliento. No se trata solo de ambición, sino de expandir nuestra propia capacidad de asombro y de reconocer que nuestra mente tiene un potencial mucho más vasto de lo que nuestras miedos nos permiten ver.
En el día a día, solemos establecer metas que son cómodas, como terminar un libro o limpiar el jardín. Esas metas son valiosas, pero no son las que nos transforman. Una meta que te vuela la cabeza es aquella que te obliga a convertirte en una persona nueva para poder alcanzarla. Es ese sueño que, cuando lo piensas por la noche antes de dormir, te hace sentir una mezcla de emoción y un poquito de miedo, porque sabes que requiere que crezcas, que aprendas y que confíes en ti más de lo que lo has hecho nunca.
Recuerdo una vez que me sentía muy pequeña ante mis propios proyectos. Estaba intentando organizar algo sencillo, pero mi mente solo veía obstáculos. De repente, me detuve y me pregunté: ¿qué pasaría si no pusiera límites a mi imaginación? Empecé a visualizar un resultado tan grande que incluso a mí me costaba creerlo. Ese cambio de perspectiva no hizo que el trabajo fuera más fácil, pero sí le dio un propósito vibrante. Dejé de ver tareas y empecé a ver peldaños hacia un destino asombroso.
Como siempre digo aquí en mi rinconcito, a veces necesitamos que alguien nos dé un pequeño empujoncito para salir de nuestra zona de confort. Yo, con mi corazón de patito, siempre te animaré a que no tengas miedo de la magnitud de tus sueños. Si el tamaño de tu meta te asusta un poco, es una señal de que vas por buen camino, de que es algo que realmente vale la pena.
Hoy te invito a que cierres los ojos por un momento y pienses en ese deseo que has estado guardando por miedo a lo imposible. No te limites por la lógica o por lo que otros digan. Escribe esa meta, aunque parezca una fantasía, y permítete sentir la emoción de su posibilidad. ¿Qué es eso tan grande que te haría saltar de alegría si mañana sucediera?
