A veces, la vida se siente como una carrera interminable donde nuestra mente siempre está un paso por delante, preocupándose por el mañana o lamentando el ayer. Cuando Jan Chozen Bays nos habla de que el mindfulness es la aceptación consciente y equilibrada de la experiencia presente, nos está invitando a soltar esa tensión de querer controlar cada segundo. No se trata de que todo sea perfecto o de que no existan problemas, sino de aprender a sentarnos con lo que sea que esté ocurriendo, sin juzgarlo ni intentar huir de él de inmediato.
En el día a día, esto suena muy bonito pero puede ser un gran reto. Vivimos en piloto automático, lavando los platos mientras pensamos en la reunión de la tarde, o caminando por el parque mientras revisamos correos en el celular. Nos perdemos la textura de la realidad por estar atrapados en el ruido de nuestros propios pensamientos. La verdadera magia ocurre cuando logramos detenernos y simplemente notar el frío del agua en nuestras manos o el sonido del viento entre las hojas, aceptando que ese es nuestro momento actual.
Recuerdo una tarde en la que me sentía completamente abrumada por una lista interminable de tareas. Estaba ansiosa, con el corazón latiendo rápido y una sensación de agobio que no me dejaba respirar. En lugar de intentar forzarme a estar feliz, decidí aplicar esta idea de aceptación. Me senté en mi sillón favorito, cerré los ojos y simplemente acepté que me sentía cansada y estresada. No luché contra la emoción, solo la observé. Al dejar de resistirme a mi propio malestar, esa tensión empezó a suavizarse, permitiéndome encontrar un pequeño espacio de calma en medio de la tormenta.
Como tu amiga BibiDuck, quiero recordarte que no necesitas ser un experto en meditación para empezar. La aceptación es un músculo que se entrena con pequeños gestos de amabilidad hacia ti mismo. La próxima vez que sientas que la ansiedad o la tristeza intentan tomar el control, intenta no rechazarlas. Simplemente diles: te veo, te reconozco y estoy aquí contigo. Te invito a que hoy, en algún momento de tu jornada, te detengas un minuto para respirar y simplemente observar lo que estás sintiendo, sin intentar cambiar nada, solo siendo presente.
