A veces, cuando leemos una frase como esta de T. Harv Eker, sentimos un pequeño escalofrío en el corazón. Nos damos cuenta de que el verdadero muro que nos separa de la abundancia no es la falta de recursos, ni la mala suerte, ni siquiera la falta de educación. El verdadero obstáculo es ese miedo silencioso que vive en nuestra mente, esa voz que nos susurra que no somos lo suficientemente buenos o que soñar en grande es algo peligroso. El miedo actúa como un ancla, manteniéndonos en aguas poco profundas donde nos sentimos seguros, pero donde nunca podremos navegar hacia los horizontes más brillantes.
En nuestra vida cotidiana, este miedo se disfraza de prudencia excesiva. Nos dice que es mejor quedarse con el trabajo que ya conocemos, aunque nos haga infelices, o que es preferible no intentar ese proyecto creativo por miedo al juicio de los demás. Nos encerramos en una zona de confort que, aunque nos protege de los errores, también nos priva de las maravillas de la expansión. La riqueza, no solo la económica, sino la riqueza de espíritu y de oportunidades, requiere que nos atrevamos a mirar más allá de lo que nuestras manos pueden alcanzar hoy.
Recuerdo una vez que estaba ayudando a una amiga que tenía un talento increíble para la repostería. Ella hacía los pasteles más hermosos que jamás haya visto, pero siempre se negaba a venderlos de forma profesional. Me decía que si lo intentaba y fallaba, perdería su pasatiempo seguro. Su miedo a no ser 'suficientemente grande' le impedía ver que su talento ya era enorme. Me sentí muy identificada, porque yo misma, en mis primeros días escribiendo para DuckyHeals, temía que mis palabras no fueran lo suficientemente profundas para ayudar a nadie. Pero entendí que si no expandía mi visión, mi mensaje nunca llegaría a quienes lo necesitaban.
Superar este miedo no significa que la ansiedad desaparezca por completo, sino que aprendemos a caminar junto a ella sin dejar que tome el volante. Se trata de entrenar nuestra mente para que el deseo de crecer sea más fuerte que el temor a caer. Es un proceso de expansión constante, de permitirnos imaginar escenarios donde la abundancia es nuestro estado natural y no un accidente de la suerte.
Hoy te invito a que cierres los ojos un momento y pienses en ese sueño que has estado guardando en un cajón por miedo. ¿Qué pasaría si hoy decidieras darle un poco de luz? No necesitas saltar al vacío de inmediato, solo necesitas permitirte, por un instante, pensar en grande sin pedirte permiso.
