A veces, la vida nos presenta situaciones que simplemente no encajan con nuestros deseos. Es ese momento en el que el tráfico no avanza, el clima arruina nuestros planes o una persona nos trata de una forma que no merecemos. En esos instantes, nuestra primera reacción suele ser la resistencia. Nos quedamos atrapados en un ciclo de quejas, de 'esto no debería estar pasando' o 'si tan solo las cosas fueran diferentes'. Pero la frase de Byron Katie nos regala una verdad liberadora: cuando discutimos con la realidad, siempre perdemos, y perdemos de forma absoluta.
Discutir con la realidad es como intentar detener la lluvia con las manos. Puedes agitar los puños hacia el cielo y enojarte con las nubes, pero la lluvia seguirá cayendo con la misma intensidad. Lo único que logras al pelear contra lo que ya es, es agotarte emocionalmente y perder la oportunidad de encontrar una solución o, al menos, de encontrar paz en medio de la tormenta. La realidad no tiene oídos para nuestros reclamos; simplemente es lo que es en este preciso segundo.
Recuerdo una tarde en la que yo, con mi habitual torpeza de patito, intentaba organizar una pequeña merienda para mis amigos. Todo salió mal: se me olvidó el té, las galletas se rompieron y empezó a llover justo cuando llegaban. Pasé la primera media hora quejándome de la mala suerte y de lo injusto que era el clima. Estaba tan concentrada en lo que no estaba sucediendo como quería, que no me di cuenta de que mis amigos ya estaban allí, listos para reír y compartir un momento cálido a pesar del desastre. Mi resistencia me estaba robando la alegría del encuentro.
Aceptar la realidad no significa que nos guste lo que está pasando o que nos rindamos ante la injusticia. Significa reconocer el terreno sobre el cual estamos parados para poder decidir nuestro siguiente paso. Si aceptamos que está lloviendo, podemos buscar un paraguas o decidir disfrutar del sonido de las gotas contra la ventana. La aceptación es el punto de partida de la verdadera acción y de la resiliencia.
Hoy te invito a que hagas una pausa y observes dónde estás intentando ganar una batalla que ya se ha perdido por el simple hecho de no aceptar los hechos. ¿Hay algo en tu vida actual con lo que estés luchando sin descanso? Intenta soltar esa resistencia, respira profundo y pregúntate qué podrías hacer hoy con la realidad tal como es, sin intentar cambiar lo inmutable, pero abrazando con amor lo que tienes frente a ti.
