A veces, la vida nos entrega paquetes que no pedimos y que, al abrirlos, nos dejan sintiéndonos profundamente perdidos. Esta hermosa y dolorosa frase de Mary Oliver nos habla de esos momentos en los que una pérdida, una traición o un adiós nos dejan con una sensación de vacío absoluto, como si alguien nos hubiera entregado una caja llena de sombras. Al principio, es imposible ver cualquier luz en esa oscuridad; solo sentimos el frío de la ausencia y el peso de lo que pudo haber sido.
En nuestro día a día, esa caja de oscuridad puede manifestarse de muchas formas. Puede ser un proyecto que fracasó después de mucho esfuerzo, una amistad que se desvaneció sin explicaciones o una etapa de nuestra vida que terminó de forma abrupta. Cuando estamos en medio de la tormenta, nuestra única reacción es intentar cerrar la caja o huir de ella. Nos cuesta creer que algo que nos causó tanto dolor pueda tener algún propósito o que, en algún lugar profundo de nuestra alma, haya una semilla de sabiduría esperando a germinar.
Recuerdo una vez que ayudé a una amiga que sentía que su mundo se había derrumbado tras una ruptura muy difícil. Ella me decía que solo veía cenizas. Sin embargo, con el paso de los meses, la vi empezar a redescubrir pasiones que había olvidado por cuidar a otros. Esa oscuridad, que al principio parecía un castigo, se convirtió en el espacio necesario para que ella pudiera reconstruirse sin las viejas estructuras que la limitaban. Fue su propio proceso de entender que la sombra también es parte del paisaje que nos permite apreciar la luz.
Entender que la oscuridad es un regalo no significa que el dolor no haya sido real, sino que hemos aprendido a usar sus lecciones para crecer. La oscuridad nos obliga a mirar hacia adentro, a desarrollar la resiliencia y a valorar la claridad cuando finalmente regresa. Es en el silencio de lo que perdimos donde aprendemos a escuchar nuestra propia voz con más fuerza.
Hoy te invito a que no tengas miedo de mirar lo que hay en esa caja. No tienes que entenderlo todo hoy, pero intenta preguntarte con mucha ternura: ¿qué parte de mi fuerza está naciendo de este proceso? Permítete sentir, pero no olvides que incluso en la noche más cerrada, la tierra está trabajando para traer una nueva primavera.
