A veces, el ruido del mundo exterior puede ser tan fuerte que nos impide escuchar nuestra propia voz. Esta hermosa frase de Georgia O'Keeffe nos habla de un estado de paz profunda, ese momento en el que dejamos de buscar la aprobación de los demás y empezamos a construir nuestra propia validación interna. Cuando logramos decidir qué valor tiene lo que dicen de nosotros, las alabanzas dejan de inflar nuestro ego de forma vacía y las críticas dejan de herir nuestro corazón con tanta fuerza. Es como si finalmente encontráramos un refugio seguro dentro de nosotros mismos, donde las opiniones ajenas simplemente resbalan sin causar daño.
En nuestro día a día, es muy fácil caer en la trampa de la montaña rusa emocional. Un día nos sentimos invencibles porque alguien nos felicitó por un proyecto, y al día siguiente nos sentimos derrotados porque un comentario mordaz en redes sociales o un gesto de desaprobación de un colega nos ha arruinado la tarde. Vivimos pendientes de ese termómetro externo, permitiendo que la gente que ni siquiera nos conoce dicte nuestro estado de ánimo. Es agotador intentar complacer a todos o, por el contrario, intentar demostrarles a todos que estamos equivocados.
Recuerdo una vez que yo misma, en un día de mucha sensibilidad, me sentí muy afectada por un pequeño comentario sobre mi forma de organizar mis notas. Me quedé pensando en ello durante horas, analizando si realmente había fallado. Pero luego, me detuve y recordé que mi valor no dependía de esa pequeña observación. Decidí que mi criterio sobre mi propio trabajo era lo único que realmente importaba. En ese instante, sentí un peso enorme desaparecer de mis homecillos. Al aceptar que la crítica y el elogio eran solo ruido, recuperé mi libertad para seguir creando y siendo yo misma.
Lograr este nivel de libertad no sucede de la noche a la mañana; es un proceso de aprendizaje constante y mucha paciencia con una misma. Se trata de cultivar un jardín interno tan sólido que las tormentas de la opinión pública no puedan arrancarlo de raíz. Es aprender a escuchar con atención, pero decidir con sabiduría qué comentarios merecen un lugar en nuestro corazón y cuáles pueden simplemente seguir su camino hacia el desagüe.
Hoy te invito a que hagas una pequeña pausa y reflexiones sobre qué tanto poder le estás entregando a los demás. ¿Qué pasaría si hoy decidieras que tu propia opinión sobre ti es la única que tiene la última palabra? Intenta identificar un pensamiento crítico que te esté persiguiendo y, con mucha ternura, permítele que se vaya por ese desagüe, dejándote un poco más libre.
