A veces, cuando miro el mundo alrededor, me siento un poco abrumada por el ruido y las expectativas de los demás. La frase de Georgia O'Keeffe me susurra al oído que construir nuestro propio universo no es algo que sucede de la noche a la mañana. Requiere una valentía inmensa, una disposición a mirar hacia adentro y decidir qué colores queremos usar en nuestra propia existencia. Crear un mundo propio significa establecer límites, cultivar nuestros intereses y darle espacio a nuestra esencia, incluso cuando el resto del mundo parece ir en una dirección diferente.
En nuestra vida cotidiana, solemos olvidar que el tiempo es nuestro pincel más preciado. Nos pasamos los días corriendo para cumplir con agendas ajenas, descuidando ese lienzo en blanco que es nuestro presente. Construir un refugio interno, un lugar donde nos sintamos seguros y auténticos, no es un acto de egoísmo, sino de supervivencia emocional. Es aprender que cada minuto que dedicamos a lo que amamos es una pincelada que da forma a nuestra realidad personal.
Recuerdo una vez que me sentía muy perdida, como si estuviera viviendo en una casa que no me pertenecía. Intentaba encajar en moldes que me quedaban pequeños y me sentía agotada. Entonces, decidí empezar pequeño. Dediqué media hora cada mañana a leer y a cuidar mis plantas, creando un pequeño rincón de paz que era solo mío. Al principio me dio miedo que otros pensaran que perdía el tiempo, pero con el paso de las semanas, ese pequeño hábito se convirtió en el cimiento de mi nuevo mundo. Ese tiempo, que parecía insignificante, fue el lienzo donde empecé a pintar mi propia calma.
Como tu amiga BibiDuck, quiero recordarte que no tienes que construir un imperio en un solo día. No necesitas grandes hazañas para empezar a ser la dueña de tu propio paisaje. Solo necesitas la valentía de dar el primer paso y la paciencia para permitir que el tiempo haga su magia. No tengas miedo de los días lentos, porque es en la quietud donde los colores más vibrantes suelen aparecer.
Hoy te invito a que te detengas un momento y pienses: ¿qué pequeña pincelada podrías dar hoy para tu propio mundo? Tal vez sea elegir un libro, caminar sin prisa o simplemente permitirte un momento de silencio. El lienzo te está esperando, y tienes todo el tiempo del mundo para hacerlo hermoso.
