A veces, cuando me detengo a observar el mundo, me doy cuenta de lo que Oscar Wilde quería decir con esta frase tan profunda. Vivir no es simplemente respirar, desplazarse de un lugar a otro o cumplir con una lista interminable de tareas diarias. Muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a un modo de existencia automático, donde los días se funden unos con otros en una rutina gris y sin brillo. Existe una diferencia enorme entre simplemente existir, como una máquina que sigue su programación, y vivir con esa chispa de asombro que nos conecta con la magia de estar presentes.
El asombro es esa capacidad de detenerse ante lo pequeño y reconocer su grandeza. Es mirar un atardecer y sentir un pequeño vuelco en el corazón, o notar cómo la luz del sol atraviesa las hojas de un árbol de una manera casi irreal. Cuando perdemos la capacidad de maravillarnos, empezamos a vivir en piloto automático, ignorando la belleza que nos rodea por estar demasiado concentrados en nuestras preocupaciones o en la pantalla de un teléfono. Es como si estuviéramos viendo una película hermosa, pero con los ojos cerrados.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente abrumada por mis propios pensamientos. Estaba caminando por el parque, sumida en mis preocupaciones, sintiéndome como si solo estuviera cumpliendo con el día. De repente, vi a un niño pequeño intentando atrapar una burbuja de jabón que flotaba cerca de él. Su cara de absoluta concentración y la alegría pura con la que gritaba cuando la burbuja estallaba me detuvieron en seco. En ese instante, el peso de mis problemas se hizo pequeño ante la inmensidad de ese pequeño momento de asombro. Me di cuenta de que yo también estaba existiendo, pero no estaba viviendo.
Te invito hoy a que busques ese asombro en tu propia rutina. No necesitas hacer un viaje épico a otro continente para encontrarlo; a veces, solo necesitas un minuto de silencio, una taza de café caliente o el sonido de la lluvia contra la ventana. Intenta mirar tu mundo con ojos nuevos, como si fuera la primera vez que lo ves. No permitas que la vida se te escape entre los dedos mientras solo existes. Date permiso para sorprenderte, para sentir curiosidad y para volver a enamorarte de los detalles más sencillos de tu existencia.
