“Una flor cae aunque la amemos; una mala hierba crece aunque no la amemos.”
La naturaleza sigue su curso sin importar nuestras preferencias.
A veces, la vida nos presenta una verdad muy cruda pero profundamente hermosa a través de las palabras de Dogen Zenji. Esta frase nos recuerda que la naturaleza, y por extensión la existencia misma, no sigue nuestros deseos o preferencias personales. Una flor delicada puede marchitarse justo cuando más queremos retener su belleza, y una maleza persistente puede brotar con fuerza en nuestro jardín, sin importar cuánto intentemos ignorarla. Es una lección sobre la impermanencia y la fuerza imparable de lo que simplemente es, más allá de nuestro control.
En nuestro día a día, solemos luchar contra aquello que no nos gusta. Nos frustramos cuando las situaciones no salen como las planeamos o cuando los problemas parecen crecer como malas hierbas en nuestro camino. Nos aferramos con desesperación a los momentos felices, intentando detener el tiempo, y nos resistimos con amargura a las dificultades que aparecen sin invitación. Sin embargo, la vida no pide permiso para seguir su curso; simplemente sucede, con toda su luz y sus sombras.
Recuerdo una vez que estaba cuidando un pequeño jardín en mi patio. Pasé semanas mimando una rosa preciosa, hablándole y dándole todo mi cuidado, pero un día, sin previo aviso, sus pétalos comenzaron a caer. Al mismo tiempo, una pequeña planta silvestre, que yo consideraba una simple molestia, empezó a crecer con una vitalidad asombrosa entre las grietas de las piedras. Al principio me sentí triste por la rosa y molesta por la maleza, pero luego comprendí que ambas estaban cumpliendo su propósito natural. La rosa estaba completando su ciclo y la maleza estaba celebrando su propia fuerza.
Entender esto puede traernos una paz inmensa. Cuando dejamos de intentar controlar lo incontrolable, empezamos a fluir con la corriente de la vida. No se trata de dejar de cuidar nuestras flores, sino de aprender a aceptar la presencia de la maleza con la misma serenidad. Al final, todo lo que crece, crece para enseñarnos algo sobre la resistencia, la belleza y la aceptación.
Hoy te invito a que observes tu propio jardín interior. ¿Hay algo que estés intentando retener con demasiada fuerza o algo que estés rechazando con mucha dureza? Tal vez sea momento de respirar profundo y permitir que la naturaleza de tu vida siga su curso natural, con toda su magia y sus desafíos.
