La Madre Teresa nos recuerda que juzgar y amar no pueden coexistir.
A veces, la vida se siente como un tribunal constante donde todos somos jueces y acusados. Cuando escucho esta hermosa frase de la Madre Teresa, no puedo evitar sentir un pequeño apretón en el corazón. Nos dice que nuestra atención es un recurso limitado; cada segundo que pasamos analizando los errores ajenos, criticando sus decisiones o señalando sus defectos, es un segundo que le robamos a la capacidad de conectar, de comprender y, lo más importante, de amar. Juzgar es una forma de levantar muros, mientras que amar es la única manera de construir puentes.
En el día a día, esto se manifiesta de formas muy sutiles pero poderosos. Puede ser ese pensamiento rápido que cruza nuestra mente cuando vemos a alguien cometiendo un error en el supermercado, o la manera en que evaluamos el éxito de un amigo basándonos en sus posesiones. Es tan fácil caer en el hábito de etiquetar a las personas como buenas, malas, lentas o descuidadas. Sin embargo, al hacerlo, nos cerramos la puerta a la verdadera esencia de los demás. Nos quedamos con la superficie, con la máscara, y perdemos la oportunidad de ver la historia de lucha y ternura que cada persona lleva dentro.
Recuerdo una tarde en la que me sentía un poco frustrada porque un compañero de trabajo no había cumplido con una tarea. Pasé toda la mañana repasando mentalmente su falta de compromiso, sintiéndome superior y algo indignada. Pero luego, me detuve a pensar en lo que esta frase significa para mí. Decidí cambiar mi juicio por una pregunta: ¿estará pasando por un mal momento? Al acercarme con amabilidad en lugar de crítica, descubrí que estaba lidiando con una situación familiar muy difícil. En ese instante, mi juicio desapareció y solo quedó la empatía. No perdí tiempo criticando, usé ese tiempo para ofrecerle un abrazo y un café.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy intentes soltar un poco el mazo de juez. La próxima vez que sientas que un juicio está asomando en tu mente, respira profundo y trata de sustituir esa crítica por una mirada de curiosidad y compasión. El mundo ya tiene suficientes críticos, pero lo que realmente necesita es más amor. ¿Qué pasaría si hoy decidieras usar todo ese tiempo que gastas juzgando para simplemente abrazar con el alma a quienes te rodean?
