A veces, la vida parece detenerse justo cuando más necesitamos que algo suceda. Miramos el reloj, revisamos el correo o esperamos una señal que no llega, y en ese vacío, nuestra mente se llena de una sensación de carencia. Esta frase de Esther Hicks nos invita a reflexionar sobre un hábito muy humano: el de mirar constantemente lo que falta en nuestra mesa en lugar de saborear lo que ya tenemos servido. Cuando nos obsesionamos con la ausencia, nuestra energía se queda atrapada en un estado de espera ansiosa, lo que nos impide notar las oportunidades que ya están floreciendo a nuestro alrededor.
Imagina por un momento a una pequeña semilla que intentas plantar en tu jardín. Si cada cinco minutos vas y desentierras la tierra para ver si ya brotó, lo único que lograrás es dañar el proceso de crecimiento. En la vida cotidiana, nos pasa lo mismo con nuestros sueños, ya sea un nuevo trabajo, una relación o una mejora en nuestra salud. Pasamos tanto tiempo preguntándonos por qué no ha llegado el cambio, que nos olvidamos de nutrir el terreno con gratitud y paciencia. Nos volvemos expertos en notar el vacío, y ese vacío se convierte en el único protagonista de nuestra historia.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía muy frustrada porque un proyecto importante no avanzaba. Pasaba mis días contando los días que faltaban y sintiendo una profunda tristeza por lo que aún no era una realidad. Estaba tan concentrada en el hueco que dejó la falta de resultados, que no me di cuenta de que estaba ignorando todas las pequeñas victorias que ya había logrado. Solo cuando decidí dejar de mirar el vacío y empecé a agradecer por las herramientas que ya tenía en mis manos, sentí que la energía de mi entorno cambió y las cosas empezaron a fluir con una naturalidad asombrosa.
Por eso, hoy quiero invitarte a hacer un pequeño ejercicio de cambio de perspectiva. La próxima vez que sientas esa punzada de ansiedad por algo que no llega, detente un segundo. Respira profundo y trata de desviar tu mirada de la ausencia. Pregúntate qué cosas buenas sí están presentes en tu vida en este preciso instante, por pequeñas que parezcan. No se trata de ignorar tus deseos, sino de dejar de alimentarlos con la angustia de la espera. Al cambiar tu enfoque de la carencia hacia la abundancia, permites que el camino se despeje para que aquello que tanto anhelas pueda encontrarte.
