A veces pasamos la vida entera intentando retocar nuestras grietas, como si pudiéramos borrar cada error o cicatriz con un poco de pintura invisible. Nos obsesionamos con la idea de que, cuando logremos ser perfectos, finalmente seremos dignos de amor o de paz. Pero las palabras de Stephen Levine nos regalan una verdad mucho más dulce y liberadora: sanar no se trata de alcanzar una perfección inexistente, sino de aprender a integrar todas nuestras partes para volver a sentirnos completos.
Imagina que eres como un hermoso mosaico. Durante mucho tiempo, quizás has intentado esconder las piezas que se rompieron o las que tienen colores menos brillantes. Pensamos que si logramos que todas las piezas sean uniformes y sin bordes ásperres, habremos ganado la batalla. Sin embargo, la verdadera belleza del mosaico no reside en su uniformidad, sino en cómo cada fragmento, por roto que esté, encaja con el siguiente para formar una imagen nueva y profunda. La sanación es el proceso de dejar de luchar contra nuestras piezas rotas y empezar a ver cómo forman parte de nuestro diseño total.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente abrumada, sintiendo que mis errores del pasado eran manchas que no podía limpiar. Me miraba al espejo y solo veía lo que faltaba, lo que estaba dañado. En ese momento, me detuve a pensar que no necesitaba borrar esos recuerdos, sino aprender a sentarme con ellos, a abrazarlos y a entender que ellos también son parte de mi historia. No se trataba de dejar de tener cicatrices, sino de dejar que esas cicatrices formaran parte de mi totalidad, permitiéndome ser una versión más completa de mí misma, no una versión sin defectos.
Por eso, hoy quiero invitarte a que dejes de presionar tanto a tu corazón para que sea impecable. No busques la perfección, porque esa es una meta que solo trae cansancio. Busca la integración. Busca reconocer tus sombras y tus luces, tus fuerzas y tus fragilidades, y dales un lugar en tu mesa. Cuando dejas de pelear con lo que te duele y empiezas a aceptar que eso también eres tú, es cuando realmente empiezas a sentirte entero.
¿Qué parte de ti has estado intentando ocultar o reparar con demasiada urgencia? Quizás hoy sea un buen día para dejar de intentar arreglarla y simplemente empezar a incluirla en tu abrazo.
