“Saber estar en soledad es esencial para el arte de amar; cuando podemos estar solos, podemos estar con otros sin usarlos como vía de escape”
El arte de estar solo permite amar genuinamente sin escapismo.
A veces, el silencio de una habitación vacía puede sentirse como un peso enorme sobre nuestros hombros. La hermosa frase de bell hooks nos invita a ver la soledad no como un vacío que debe ser llenado desesperadamente, sino como un espacio sagrado de aprendizaje. Saber estar con nosotros mismos es, en esencia, la base para construir relaciones sanas. Cuando aprendemos a habitar nuestra propia compañía, dejamos de buscar en los demás un refugio contra nuestro propio miedo al silencio y empezamos a buscarlos por el puro placer de compartir nuestra plenitud.
En el día a día, es muy fácil caer en la trampa de usar la presencia de otros como un parche para nuestra propia ansiedad. Nos llenamos de ruido, de redes sociales o de planes constantes solo para no escuchar lo que nuestra propia mente intenta decirnos. Es como si intentáramos huir de nosotros mismos corriendo hacia la multitud. Pero cuando logramos cultivar esa capacidad de estar a solas, nuestra forma de conectar cambia por completo. Ya no buscamos a alguien que nos salve de la soledad, sino a alguien con quien celebrar nuestra existencia.
Recuerdo una vez que me sentía muy abrumada y sentía que necesitaba llamar a alguien solo para no sentirme sola. Estaba en ese estado de urgencia donde cualquier mensaje de texto parecía un salvavidas. Sin embargo, decidí sentarme conmigo misma, con una taza de té y mis pensamientos. Al principio fue incómodo, pero poco a poco, esa incomodidad se transformó en una calma profunda. Al final del día, cuando me reencontré con mis amigos, no los necesitaba para escapar, sino que realmente podía escucharlos y estar presente para ellos, sin la presión de que me llenaran un vacío.
Como tu amiga BibiDuck, siempre te recordaré que tu propia compañía es el tesoro más valioso que posees. No le tengas miedo a esos momentos de quietud, porque es ahí donde se forja el arte de amar de verdad. Te invito a que hoy, aunque sea por diez minutos, cierres la puerta al ruido del mundo y te permitas simplemente estar contigo. Descubre quién eres cuando nadie te está mirando, y verás cómo tus conexiones con los demás se vuelven mucho más profundas, honestas y llenas de luz.
