“Saber estar a solas es central en el arte de amar; cuando podemos estar solos, podemos estar con otros sin usarlos como vía de escape.”
La soledad saludable es la base de las relaciones auténticas.
A veces, el silencio de una habitación vacía puede sentirse como un peso enorme sobre nuestros hombros. La hermosa frase de bell hooks nos invita a mirar ese silencio no como un vacío que debe ser llenado desesperadamente, sino como un espacio sagrado de aprendizaje. Aprender a estar a solas es, en esencia, aprender a conocernos de verdad, sin las distracciones del ruido externo o las expectativas de los demás. Cuando logramos habitar nuestra propia soledad con paz, transformamos nuestra capacidad de amar, porque dejamos de buscar en otros el alivio para nuestra propia carencia.
En el día a día, esto se traduce en la diferencia entre buscar compañía por deseo o buscarla por necesidad de escape. Todos hemos sentido alguna vez esa urgencia de revisar el teléfono, de llamar a alguien o de salir de fiesta solo porque no soportamos el roce de nuestros propios pensamientos. Es una forma de usar a las personas como un refugio temporal contra nosotros mismos. Pero cuando cultivamos la autonomía emocional, nuestras relaciones cambito de naturaleza; ya no buscamos que alguien nos salve de nuestra soledad, sino que elegimos compartir nuestra plenitud con alguien más.
Recuerdo una tarde en la que yo, tu amiga BibiDuck, me sentía especialmente abrumada por la inquietud. Intentaba llenar cada segundo de mi día con tareas o distracciones para no enfrentar una tristeza pequeña que sentía en el pecho. Un día, decidí simplemente sentarme con mi taza de té y observar esa emoción sin intentar huir de ella. Al principio fue incómodo, pero poco a poco, esa soledad se convirtió en un abrazo propio. Descubrí que, al estar bien conmigo misma, mis encuentros con los demás se volvieron mucho más genuinos y ligeros, porque ya no esperaba que ellos llenaran los huecos de mi alma.
Te invito a que hoy, aunque sea por unos minutos, busques ese encuentro contigo. No huyas del silencio, siéntate con él y observa qué tiene que decirte. Al aprender a ser tu propia mejor compañía, estarás preparando el terreno para un amor mucho más sano, libre y profundo con el resto del mundo. La próxima vez que sientas la tentación de escapar, intenta quedarte un ratito más contigo.
