“Sé gentil con todos y severo contigo mismo, pero siempre lidera con bondad.”
La severidad propia y la gentileza ajena forman el carácter.
A veces, la vida nos empuja a construir muros de hierro para protegernos, creyendo que la dureza es sinónimo de fortaleza. Pero cuando leo las palabras de Teresa de Ávila, siento un suave abrazo en el corazón. Ser amable con todos y firme con uno mismo, pero siempre liderar con la bondad, es una brújula que nos invita a suavizar nuestra mirada hacia el mundo sin perder el rumbo de nuestra propia integridad. Es un equilibrio delicado, casi como aprender a caminar sobre un hilo, buscando la compasión hacia los demás sin descuidar la disciplina que nuestra propia alma necesita para crecer.
En el día a día, esto se traduce en pequeñas decisiones que parecen insignificantes pero que lo cambian todo. Significa no reaccionar con ira ante el error de un compañero de trabajo, pero sí tener la valentía de corregir nuestros propios hábitos cuando sabemos que nos estamos alejando de nuestros valores. Es entender que la amabilidad no es debilidad, sino una elección consciente de ver la humanidad en el otro, incluso en los momentos de tensión. La firmeza con nosotros mismos es ese compromiso silencioso de no permitirnos caer en la mediocridad del descuido personal.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy frustrada porque no lograba terminar una tarea importante. Estaba siendo sumamente dura conmigo misma, criticando cada pequeño error con una voz interna muy severa. En ese momento, me detuve a pensar en lo que diría a un amigo que estuviera pasando por lo mismo. No le gritaría ni lo juzgaría; le ofrecería una taza de té y paciencia. Al aplicar esa misma bondad hacia mi propio proceso, pude encontrar la claridad necesaria para seguir adelante con disciplina, pero sin ese peso asfixiante de la autocrítica destructiva.
Como pequeña patito que intenta navegar las aguas de la vida, yo misma trato de aplicar este consejo cada mañana. A veces me descubro siendo demasiado permisiva o, por el contrario, demasiado severa con mis propios errores. Pero aprender a liderar con la bondad es un aprendizaje constante. Te invito hoy a que te mires al espejo y te hables con la misma ternura con la que tratarías a alguien que amas profundamente, pero sin olvidar recordarte tus metas y la importancia de mantenerte firme en tu camino de crecimiento.
