“Sé como el pájaro que, posándose un instante en ramas demasiado frágiles, siente que ceden bajo él, y sin embargo canta, sabiendo que tiene alas.”
Aunque todo parezca frágil, siempre tienes alas para volar.
A veces, la vida nos pone en situaciones que se sienten tan frágiles como una rama delgada bajo nuestros pies. Esa cita de Victor Hugo me llega al corazón porque nos habla de una confianza profunda, no en la estabilidad del mundo, sino en nuestra propia capacidad para sostenernos. Ser como ese pequeño pájaro significa aceptar que habrá momentos de incertidumbre y que las bases sobre las que pisamos pueden tambalearse, pero que nuestra verdadera fuerza reside en lo que llevamos dentro, en esas alas que nos permiten volver a elevar el vuelo.
En el día a día, esto se traduce en esos momentos de crisis donde parece que todo lo que hemos construido se debilita. Puede ser un cambio inesperado en el trabajo, una relación que se vuelve inestable o simplemente esa sensación de duda que nos asalta por la noche. Es muy fácil entrar en pánico cuando sentimos que la rama se dobla, pero la magia ocurre cuando decidimos no dejar que el miedo nos silencie. La verdadera resiliencia no es la ausencia de miedo, sino la decisión de seguir cantando a pesar de la inestabilidad.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía así, como si estuviera aterrizando en una rama demasiado pequeña para mis preocupaciones. Estaba atravesando un cambio personal muy grande y sentía que no tenía donde apoyarme. Sin embargo, en medio de ese caos, empecé a notar que, aunque el suelo no era firme, yo seguía teniendo mis propias herramientas, mis propios valores y mi propia voz. Al igual que ese pájaro, comprendí que mi seguridad no dependía de la rama, sino de mi capacidad para volar hacia un lugar más seguro si era necesario.
Cada vez que sientas que el suelo se mueve bajo tus pies, intenta recordar que no estás desamparado. Tienes tus propias alas, tus talentos y tu esencia, y eso es algo que nadie ni nada te puede quitar. No permitas que la fragilidad del momento apague tu canción o tu entusiasmo por la vida.
Hoy te invito a que cierres los ojos un momento y pienses en tus propias alas. ¿Qué capacidades tienes que te han salvado en el pasado? Reconócelas y confía en ellas, porque aunque la rama se doble, tú siempre tendrás el poder de volver a subir al cielo.
