A veces, nos pasamos la vida intentando ponerle etiquetas a todo lo que nos rodea. Creemos que si entendemos las reglas, si podemos medirlo y clasificarlo, entonces el mundo será un lugar seguro y predecible. Pero la hermosa frase de Terence McKenna nos invita a soltar esa necesidad de control. Nos dice que la realidad no es solo más extraña de lo que imaginamos, sino más extraña de lo que somos capaces de imaginar, y que esa misma extrañeza es la esencia del asombro. Es una invitación a dejar de mirar solo con la lógica y empezar a mirar con el corazón.
En nuestro día a día, solemos caer en la rutina de lo conocido. Caminamos por las mismas calles, tomamos el mismo café y seguimos los mismos horarios, olvidando que estamos viviendo en un planeta que gira en el espacio, rodeado de misterios que apenas empezamos a comprender. Cuando nos cerramos a lo inesperado, perdemos la capacidad de maravillarnos. La verdadera magia no ocurre cuando todo sale según el plan, sino cuando algo nos sorprende tanto que nos deja sin palabras, recordándonos que hay mucho más allá de nuestra pequeña burbuja de conocimiento.
Recuerdo una tarde en la que me sentía un poco abrumada por la lógica de mis tareas pendientes. Estaba sentada en el jardín, tratando de organizar mis pensamientos, cuando una pequeña mariposa de un color azul eléctrico se posó justo en la punta de mi pico. Me quedé congelada, olvidando por completo mi lista de pendientes. En ese instante, no importaba la productividad ni el orden; solo importaba la increíble, extraña y hermosa presencia de ese ser diminuto. Ese pequeño momento de extrañeza me devolvió la capacidad de asombro y me recordó que la vida siempre tiene trucos bajo la manga para sacarnos de nuestra monotonía.
Como tu amiga BibiDuck, quiero animarte a que hoy mismo busques lo inesperado. No busques grandes milagros, busca las pequeñas rarezas que ocurren frente a tus ojos. Observa la forma en que la luz atraviesa una hoja o cómo el sonido de la lluvia crea una melodía única. Permítete sentir esa pequeña chispa de curiosidad. La próxima vez que algo te parezca demasiado extraño para entenderlo, no intentes explicarlo de inmediato; simplemente sonríe y permite que ese asombro te cure y te reconecte con la maravilla de estar vivo.
