A veces, cuando caminamos por la ciudad o nos perdemos en la rutina del trabajo, es muy fácil olvidar que no estamos simplemente observando el mundo, sino que somos parte de él. La frase de Terence McKenna nos invita a cambiar radicalmente nuestra perspectiva: la naturaleza no es un recurso que debemos explotar o una fuerza que debemos dominar, sino el tejido mismo de asombro que nos sostiene y nos da vida. Es un recordatorio de que nuestra existencia está entrelazada con cada hoja que cae y cada gota de lluvia que toca la tierra.
En nuestro día a día, solemos ver la naturaleza como algo externo, un paisaje que vemos por la ventana del coche o un parque al que vamos solo para despejarnos. Nos hemos acostumbrado a tratar al mundo como si fuera un escenario hecho para nuestro beneficio, olvidando que si el tejido se rompe, nosotros también nos deshilachamos. Esta desconexión nos genera una sensación de vacío, una extraña soledad que no podemos llenar con tecnología ni con logros materiales, porque nuestra verdadera esencia está conectada con el ritmo de la vida silvestre.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente abrumada por las preocupaciones del trabajo. Me senté en un pequeño jardín descuidado, casi sin prestar atención, y me quedé observando cómo una pequeña hilera de hormigas transportaba trozos de hojas con una determinación asombrosa. En ese momento, el ruido de mis pensamientos se calmó. No era solo un insecto trabajando; era una parte de un proceso infinito y hermoso del cual yo también formaba parte. Sentí que mis problemas no eran tan grandes cuando me comparaba con la inmensidad de ese pequeño ecosistema funcionando en perfecta armonía.
Como tu amiga BibiDuck, me encanta recordarte que siempre puedes encontrar ese refugio de asombro dentro de ti. No necesitas viajar a una selva lejana para reconectar; basta con observar la textura de una flor o sentir el viento en tu rostro. Te invito a que hoy, aunque sea por un minuto, dejes de intentar controlar lo que te rodea y simplemente te permitas ser parte del asombro. Observa la vida que te rodea y recuerda que tú eres una de sus hebras más preciosas.
