A veces, la mente puede sentirse como una radio encendida a todo volumen en una habitación pequeña, repitiendo críticas, miedos o listas interminables de pendientes. Esa voz constante, que parece dictar cada uno de nuestros pensamientos, puede llegar a ser agotadora. Pero la frase de Eckhart Tolle nos regala un suspiro de alivio profundo al recordarnos que no somos esa corriente de pensamientos. Existe una parte de nosotros que simplemente observa, una parte silenciosa y tranquila que permanece intacta sin importar cuán ruidosa sea la tormenta mental. Reconocer esto es como abrir una ventana en una habitación cerrada y dejar que entre la brisa fresca.
En nuestra vida cotidiana, es muy fácil confundir nuestras inseguridades con nuestra identidad. Si pensamos 'soy un fracaso' porque cometimos un error en el trabajo, estamos cometiendo el error de creer que la voz es la verdad absoluta. La magia ocurre cuando aprendemos a poner una pequeña distancia entre nosotros y ese diálogo interno. Al decir 'estoy escuchando un pensamiento de fracaso' en lugar de 'soy un fracaso', recuperamos nuestro poder. Es un cambio sutil, pero es la diferencia entre estar atrapados en un laberinto y poder ver el laberinto desde arriba.
Recuerdo una tarde en la que yo misma me sentía abrumada por la autocrítica. Estaba intentando escribir algo nuevo y esa voz interna no dejaba de decirme que no era lo suficientemente buena, que mis palabras no tenían sentido. Me sentía pequeña y derrotada. De repente, me detuve, respiré profundo y me dije a mí misma: 'Esa voz es solo ruido, no soy yo'. En ese instante, la tensión en mis homecitos desapareció. Pude observar el pensamiento pasar como si fuera una nube en el cielo, sin dejar que me arrastrara. Esa pequeña distancia me permitió volver a la calma y seguir adelante con mucha más ternura hacia mí misma.
Te invito a que hoy, cuando sientas que esa voz se vuelve demasiado fuerte o pesada, intentes hacer este pequeño ejercicio de observación. No luches contra el pensamiento, no intentes silenciarlo a la fuerza, porque eso solo genera más ruido. Simplemente, nota que el pensamiento está ahí, pero recuerda con amor que tú eres quien lo escucha. Eres el cielo, no la nube. Permítete experimentar esa libertad tan sencilla y hermosa que surge cuando dejas de identificarte con tus sombras y empiezas a habitar tu propia luz.
