A veces, la vida nos presenta muros que parecen demasiado altos para escalar y caminos que se sienten demasiado empinados para recorrer. Cuando leemos la frase de Glennon Doyle, podemos sentir un pequeño escalofrío de esperanza. Decir que podemos hacer cosas difíciles no es una forma de negar el dolor o el cansancio, sino de reconocer la fuerza silenciosa que reside en nuestro interior, incluso cuando nos sentimos pequeños y vulnerables.
En el día a día, lo difícil no siempre es una gran tragedia; a veces es simplemente levantarse de la cama cuando el ánimo está bajo, o tener esa conversación honesta que tanto hemos estado postergando. Lo difícil es mantener la calma cuando todo parece desordenado o aprender a decir que no para proteger nuestra propia paz. Estas pequeñas batallas diarias son las que realmente moldean nuestro carácter y nos enseñan de qué estamos hechos.
Recuerdo una vez que yo misma, en mis momentos de mayor duda, sentía que no podía con las responsabilidades de mi pequeño rincón de DuckyHeals. Me sentía abrumada por la idea de querer ayudar a tanta gente cuando apenas podía gestionar mis propias emociones. Pero entonces, decidí enfocarme solo en el siguiente paso, en el siguiente pequeño movimiento. Al igual que cuando un patito aprende a nadar por primera vez, no lo hace dominando el río entero, sino moviendo sus patitas con determinación un segundo a la vez.
Esa capacidad de persistir es lo que nos define. No necesitamos ser superhéroes sin miedo, solo necesitamos ser personas que, a pesar del temblor en las manos, deciden seguir adelante. La dificultad no es una señal de que debamos detenernos, sino una oportunidad para descubrir una nueva capa de nuestra propia valentía.
Hoy te invito a que pienses en ese desafío que tienes frente a ti y que te genera ansiedad. En lugar de mirar la montaña completa, intenta mirar solo el primer paso. Respira profundo y repítete con ternura: puedo hacer esto. ¿Qué pequeña acción podrías tomar hoy para demostrarte esa verdad?
