A veces, cuando miramos el calendario y vemos cómo pasan los años, sentimos una especie de peso en el corazón, como si las oportunidades se estuvieran cerrando una tras otra. Nos convencemos de que ya es tarde para aprender ese idioma, para cambiar de carrera o simplemente para empezar un nuevo pasatiempo. Pero esta hermosa frase de C.S. Lewis nos recuerda que la vida no es una carrera con una línea de meta fija, sino un jardín que puede florecer en cualquier estación si decidimos plantarlo con amor.
Lo que esta cita nos dice en el fondo es que nuestra capacidad de soñar no tiene fecha de caducidad. La edad es solo un número que cuenta nuestras experiencias, pero no define el límite de nuestra imaginación. Un nuevo sueño no requiere que borremos nuestro pasado, sino que utilicemos todo lo que hemos aprendido para darle una nueva forma a nuestro presente. No importa si tienes veinte o ochenta años, el entusiasmo de un nuevo comienzo es un motor que siempre puede volver a encenderse.
Recuerdo mucho a una vecina muy querida, una señora de manos arrugadas y sonrisa dulce que, a sus setenta años, decidió inscribirse en clases de pintura al óleo. Al principio, ella misma me decía con timidez que sentía que ya era demasiado tarde para ser una artista. Sin embargo, con el paso de los meses, vi cómo sus ojos recuperaban un brillo que no le veía desde hacía años. Sus cuadros no eran perfectos, pero estaban llenos de una vida y una pasión que solo alguien que se atreve a soñar de nuevo puede transmitir. Ella no solo aprendió a pintar, sino que aprendió a volver a creer en su propia capacidad de asombro.
Yo, como tu amiga BibiDuck, siempre estoy aquí para recordarte que cada mañana es una página en blanco. No permitas que el miedo al tiempo te robe la alegría de la curiosidad. Si hay algo que siempre has querido intentar, ese pequeño susurro en tu mente que te dice que podrías lograrlo, escúchalo con atención. No necesitas un plan perfecto, solo necesitas el primer paso.
Hoy te invito a que cierres los ojos por un momento y pienses en ese sueño que has dejado guardado en un cajón por creer que ya pasó tu momento. ¿Qué pasaría si hoy mismo te permitieras simplemente imaginarlo? No te pido que lo logres mañana, solo que te permitas volver a soñar.
