A veces, cuando abrimos un libro, no solo estamos pasando páginas, sino que estamos abriendo puertas hacia mundos que no sabíamos que necesitábamos visitar. La hermosa frase de Judith Butler nos recuerda que la lectura es un viaje de ida y vuelta. Nos permitimos perder el hilo de nuestra propia realidad, de nuestras preocupaciones cotidianas y de nuestro nombre, para sumergirnos en la piel de otros. Pero lo más mágico no es el escape en sí, sino lo que sucede cuando finalmente cerramos la tapa y regresamos a nuestra propia vida con una mirada renovada.
En el día a día, esto sucede de forma casi imperceptible. Quizás estás cansada, sintiendo que el peso de la rutina es demasiado grande, y decides refugiarte en una historia. En ese momento, dejas de ser tú por un rato. Te conviertes en el héroe que enfrenta dragones o en el poeta que descubre el amor bajo la lluvia. Al hacerlo, dejas de luchar contra tus propios pensamientos y permites que nuevas ideas fluyan a través de ti. No te estás olvidando de quién eres, simplemente estás dejando espacio para que algo nuevo crezca.
Recuerdo una tarde muy gris en la que yo misma me sentía un poco perdida, como si mis colores se hubieran desvanecido. Me senté en mi rincón favorito con una novela antigua. Mientras leía, me olvidé por completo del frío y de mis pequeñas tristezas. Me perdí en los diálogos y en los paisajes de papel. Cuando terminé el último capítulo y levanté la vista, el mundo seguía siendo el mismo, pero yo no. Me sentía un poco más fuerte, un poco más comprensiva y con una chispa de esperanza que no estaba allí una hora antes. Me sentí transformada por las palabras de otros.
Cada vez que leemos, estamos recolectando pequeñas piezas de sabiduría que luego usamos para reconstruir nuestro propio corazón. Es un proceso de transformación silenciosa pero profunda. Por eso, la próxima vez que sientas que el mundo real es demasiado ruidoso, no temas perderte en una buena historia. Permítete ese viaje.
Te invito hoy a que busques ese libro que ha estado esperando en tu estantería. Regálate el permiso de desaparecer entre líneas y observa con curiosidad cómo regresas a tu realidad con una luz diferente en tus ojos.
