A veces, cuando escucho esta frase de Judith Butler, siento un pequeño escalofrío en mis plumitas. Decir que no solo estamos formados por nuestras relaciones, sino también despojados por ellas, es una verdad profunda y un tanto agridulce. Significa que las personas que amamos, los amigos que nos acompañan y las comunidades de las que formamos parte son las que nos dan identidad, pero también son las que, a veces, nos quitan pedacitos de nosotros mismos al imponer expectativas, roles o incluso ausencias que nos dejan vacíos.
En nuestra vida cotidiana, esto se siente de una manera muy real. Vivimos buscando la conexión, el abrazo y la validación del otro, y es cierto que sin ese tejido social seríamos seres solitarios y sin historia. Sin embargo, también es cierto que en el intento de encajar o de mantener ciertos vínculos, a menudo sacrificamos partes de nuestra esencia. Nos perdemos en lo que los demás esperan de nosotros, y esa es la pérdida o el despojo al que se refiere la autora.
Recuerdo una vez que yo, en mi pequeño rincón de DuckyHeals, intentaba complacer a todos para que nadie se sintiera triste. Me esforzaba tanto por ser el patito perfecto y comprensivo que, poco a poco, dejé de escuchar mis propias necesidades y mis propios miedos. Me sentía llena de conexiones, pero me sentía vacía por dentro, como si alguien hubiera tomado mis colores y los hubiera usado para pintar el mundo de otros. Me había despojado de mi propia voz por mantener la armonía de mis relaciones.
Reconocer esto no tiene por qué ser algo triste, sino una oportunidad para sanar. Entender que nuestras relaciones pueden ser tanto un refugio como una renuncia nos permite empezar a construir vínculos más sanos, donde la conexión no signifique la pérdida de nuestra propia identidad. Se trata de aprender a estar con los demás sin dejar de estar con nosotros mismos.
Hoy te invito a que reflexiones sobre tus propios vínculos. ¿Hay alguna parte de ti que sientas que has dejado de lado para mantener una relación? No tengas miedo de mirar esa pérdida con ternura y empezar a recuperar, poco a poco, ese espacio sagrado que eres tú.
