A veces, nos quedamos paralizados frente a una hoja en blanco o un proyecto nuevo porque sentimos que, si no podemos hacerlo de manera impecable, mejor no hacerlo. La frase de Salvador Dalí, No tengas miedo de la perfección, nunca la alcanzarás, es como un abrazo cálido que nos libera de una carga que no nos pertenece. Nos recuerda que la perfección es una ilusión, un horizonte que se aleja conforme intentamos caminar hacia él, y que lo que realmente importa es el movimiento, el intento y la belleza de lo inacabado.
En nuestra vida cotidiana, esta presión se manifiesta en pequeñas pero agotadoras formas. Puede ser el deseo de cocinar la cena perfecta para nuestra familia, de escribir un correo electrónico sin un solo error, o de mantener un hogar que parezca sacado de una revista. Nos obsesionamos con los detalles y, en el proceso, nos olvidamos de disfrutar el sabor de la comida, la conexión con los demás o la paz de nuestro propio espacio. La búsqueda de la perfección nos roba el presente y nos deja con una sensación de insuficiencia constante.
Recuerdo una vez que intenté organizar una pequeña reunión de amigos y me sentía tan ansiosa por que todo fuera impecable, desde la decoración hasta el menú, que terminé sentada en un rincón, estresada y sin hablar con nadie. No pude disfrutar de las risas ni de las historias de mis seres queridos porque mi mente estaba ocupada revisando si las servilletas estaban alineadas. Fue un momento de aprendizaje profundo para mí; comprendí que mis amigos no venían por la perfección de la mesa, sino por la calidez de mi compañía.
Como siempre digo aquí en DuckyHeals, lo que nos hace humanos es precisamente nuestra imperfección. Es en nuestras grietas donde entra la luz y donde podemos aprender algo nuevo cada día. No permitas que el miedo a no ser suficiente te impida empezar algo que te apasiona. Permítete ser un principiante, permítete cometer errores y, sobre todo, permítete disfrutar del proceso sin la presión de un resultado final inalcanzable.
Hoy te invito a que elijas una tarea que hayas estado posponiendo por miedo a no hacerla bien. Simplemente comienza. Hazlo de forma imperfecta, hazlo con descuido si es necesario, pero hazlo. Deja que la belleza de lo real supere la frialdad de lo perfecto.
