A veces, nos perdemos en la idea de que existe una verdad absoluta, algo que flota allá afuera, libre de nuestras interpretaciones y de las palabras que usamos para atraparla. Cuando Jacques Derrida dice que no hay nada fuera del texto, puede sonar un poco abrumador o incluso frío, como si estuviéramos atrapados en una red de lenguaje de la que no podemos escapar. Pero, si lo miramos con un corazón abierto, esta frase nos invita a entender que nuestra realidad se construye a través de las historias que nos contamos, de las etiquetas que nos ponemos y de los significados que decidimos otorgar a cada pequeño momento de nuestra vida.
En nuestro día a día, esto se traduce en cómo interpretamos lo que nos sucede. Un café compartido con un amigo, un mensaje de texto que llega tarde o incluso un silencio incómodo en el metro, todo eso se convierte en un texto que leemos y reescribimos constantemente. No vemos el mundo tal como es, sino tal como lo narramos en nuestra mente. Esta idea nos da un poder increíble, porque si la realidad es una construcción de nuestras palabras y percepciones, entonces tenemos la oportunidad de cambiar el guion cuando la historia se vuelve demasiado pesada para cargar.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy triste porque alguien no me saludó al pasar por la calle. Mi mente empezó a escribir un texto de rechazo, una narrativa donde yo no era importante y donde el mundo era un lugar hostil. Me quedé atrapada en ese párrafo oscuro durante horas. Pero luego, me detuve a pensar que ese encuentro no era un hecho inamovible, sino una página en blanco que yo podía reinterpretar. Decidí cambiar el texto y pensar que quizás esa persona simplemente estaba sumergida en sus propios pensamientos, tan perdida en su propio relato como yo lo estaba en el mío. Al cambiar mis palabras, cambió mi sentir.
Como tu amiga BibiDuck, quiero recordarte que aunque no podamos cambiar los hechos que ocurren, siempre somos los autores de la interpretación que les damos. No estamos prisioneros de un lenguaje muerto, sino que somos creadores de significados vivos. La próxima vez que te encuentres atrapada en una historia triste o complicada, intenta buscar una nueva palabra, un nuevo adjetivo o un nuevo punto de vista. Te invito a que hoy mismo revises un pequeño párrafo de tu día y trates de escribirlo con un poco más de ternura y comprensión hacia ti misma.
