La justicia perfecta es un ideal que nos impulsa sin alcanzarse del todo.
A veces, cuando leemos palabras tan profundas como las de Jacques Derrida, sentimos un pequeño escalofrío en el corazón. Decir que la justicia es una experiencia de lo imposible suena casi desalentador, ¿verdad? Como si estuviéramos persiguiendo un horizonte que se aleja cada vez que intentamos alcanzarlo. Pero si lo miramos con ternura, esta frase nos invita a entender que la justicia no es una meta estática que se alcanza y se guarda en una caja, sino un esfuerzo constante, una búsqueda incansable que nace precisamente de reconocer que nunca seremos perfectos.
En nuestra vida cotidiana, solemos buscar la justicia en grandes leyes o sentencias judiciales, pero la verdadera esencia se manifiesta en los pequeños gestos de equilibrio. Es ese momento en el que decidimos escuchar a alguien que tiene una perspectiva totalmente distinta a la nuestra, a pesar de que nuestra primera reacción sea juzgar. Es reconocer que, aunque no podemos arreglar todas las injusticias del mundo de un solo golpe, nuestra intención de buscar lo correcto es lo que nos mantiene humanos y conectados con los demás.
Recuerdo una vez que vi a una pequeña niña en un parque. Había un conflicto entre dos niños por un juguete compartido. No había un juez presente, ni un código de leyes, pero la niña se acercó y, con una lógica que parecía de otro mundo, propuso un sistema de turnos que dejaba a ambos felices. En ese instante, ella estaba intentando alcanzar algo imposible: la satisfacción total de dos deseos opuestos. No fue una solución perfecta, pero fue un destello de justicia nacido de la voluntad de intentar lo imposible.
Como su amiga BibiDuck, siempre les digo que no se asusten por la magnitud de los desafíos. No necesitamos ser jueces infalibles para empezar a practicar la justicia en nuestro propio pequeño círculo. La belleza reside en el intento, en la lucha por hacer lo correcto incluso cuando el camino parece no tener fin. La justicia vive en la grieta entre lo que es y lo que debería ser, y es ahí donde nuestra humanidad brilla con más fuerza.
Hoy te invito a que reflexiones sobre un pequeño gesto en tu día. ¿Dónde puedes aplicar un poco de esa justicia amable, incluso si sientes que es una batalla perdida? No busques la perfección, solo busca la intención.
