Tenemos el poder de decidir cómo las acciones externas afectan nuestro estado interior.
A veces, el mundo puede parecer un lugar muy ruidoso, lleno de voces que intentan decirnos quiénes somos o cuánto valemos. La hermosa frase de Eleanor Roosevelt nos recuerda que tenemos una llave maestra en nuestras manos: nuestra propia aprobación. El sentimiento de inferioridad no es algo que otros nos imponen por la fuerza, sino algo que permitimos que se instale en nuestro corazón cuando dejamos que las críticas ajenas pesen más que nuestra propia verdad. Es un recordatorio de que nuestra dignidad es un territorio sagrado que solo nosotros decidimos si entregamos o defendemos.
En el día a día, esto se manifiesta en pequeñas situaciones que parecen insignificantes pero que nos dejan pequeñas cicatrices. Puede ser ese comentario sarcástico de un compañero de trabajo, una mirada de desaprobación en una reunión familiar o incluso ese comentario pasivo-agresivo en redes sociales. En esos momentos, es muy fácil sentir que estamos fallando o que no somos suficientes. Sin embargo, la verdadera batalla no ocurre afuera, sino en cómo decidimos procesar esas palabras. ¿Las dejamos entrar y construir una casa en nuestra mente, o las dejamos pasar como una nube pasajera en un cielo despejado?
Recuerdo una vez que yo misma, en un momento de mucha inseguridad, permití que una crítica sobre mi forma de trabajar me hiciera sentir pequeña durante toda una semana. Me sentía incapaz y dudaba de cada decisión que tomaba. Estaba atrapada en esa trampa de dar mi consentimiento al juicio ajeno. Fue solo cuando me detuve a respirar y a recordar mis propios logros que comprendí que esa persona no tenía el poder de definir mi valor, a menos que yo le entregara mi permiso para hacerlo. Aprendí que mi valor es una constante, no una variable que depende de la opinión de los demás.
Hoy quiero invitarte a que hagas una pequeña auditoría de tu corazón. ¿A quién le has dado permiso para hacerte sentir menos? ¿Qué voces estás dejando que dicten tu narrativa personal? No se trata de ignorar la realidad o volverse alguien arrogante, sino de cultivar una autoestima tan sólida que los comentarios externos no logren sacudirte el suelo que pisas. Tienes el poder de cerrar la puerta a la inferioridad y abrirla a la autoaceptación.
Te animo a que hoy, cuando sientas que una crítica intenta nublar tu brillo, respires profundo y te digas a ti mismo que no das tu consentimiento para ser menos de lo que eres. Eres valioso por el simple hecho de existir, y nadie tiene el derecho de cambiar esa verdad si tú no lo permites.
