“Nadie protegerá lo que no le importa, y a nadie le importará lo que nunca ha experimentado con asombro”
El asombro por la naturaleza es la base de la gestión ambiental.
A veces, la vida se vuelve tan rutinaria que empezamos a caminar con la mirada fija en el suelo, contando solo los pasos para llegar a nuestro destino. La hermosa frase de David Attenborough nos recuerda que nuestra capacidad de cuidar el mundo y a los demás nace directamente de nuestra capacidad de asombrarnos. Si no nos detenemos a sentir la magia de un amanecer o la delicadeza de una flor, perdemos la conexión emocional necesaria para proteger lo que nos rodea. El asombro es el pegamento que une nuestro corazón con la existencia misma.
En el día a día, es muy fácil caer en la trampa de la indiferencia. Nos acostumbramos a lo que tenemos y dejamos de verlo como un regalo. Cuando dejamos de experimentar el asombro, las cosas pierden su valor sagrado. Si no sentimos que el bosque es un tesoro, no lucharemos por su conservación; si no sentimos que el amor de un amigo es un milagro, no cuidaremos ese vínculo con la delicadeza que merece. La falta de asombro nos vuelve ciegos ante la importancia de lo que realmente importa.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente agotada y gris, como si todo el color del mundo se hubiera desvanecido. Estaba sentada en el jardín, sumida en mis preocupaciones, cuando un pequeño colibrí se acercó a una flor cercana. Me quedé sin aliento observando el movimiento frenético de sus alas y el brillo de sus plumas. En ese instante, algo dentro de mí se reconectó. Ese pequeño destello de maravilla me recordó que el mundo es un lugar lleno de vida digna de ser amada. Ese pequeño momento de asombro cambió mi perspectiva sobre cómo quería cuidar mi propio entorno.
Como tu amiga BibiDuck, siempre trato de buscar esos pequeños destellos de luz en cada día, incluso cuando las nubes parecen cubrirlo todo. No podemos proteger aquello que tratamos como algo ordinario. Por eso, te invito hoy a que busques algo que te asombre, por muy pequeño que sea. Mira una gota de lluvia, escucha una melodía nueva o simplemente observa la respiración de alguien que amas. Permítete volver a sentir esa curiosidad infantil, porque es ahí, en el asombro, donde reside nuestra verdadera fuerza para cuidar el mundo.
