A veces, la vida nos presenta muros muy altos y corazones que parecen haberse vuelto de piedra para evitar ser lastimados. Nos encerramos en pequeñas fortalezas, creyendo que la seguridad reside en la rigidez. Pero esta hermosa frase de Ibn Arabi nos invita a un viaje de expansión. Nos habla de un corazón que no se limita a una sola forma, sino que se vuelve tan vasto y flexible que puede albergar la fragilidad de una gacela y la serenidad de un refugio de paz al mismo tiempo. Es la idea de que nuestra capacidad de amar y comprender puede crecer sin límites.
En nuestro día a día, esto se traduce en la forma en que reaccionamos ante lo diferente. Es fácil ser amable con quienes piensan como nosotros, pero el verdadero desafío de la expansión emocional ocurre cuando decidimos abrir espacio para alguien que nos incomoda o que vive una realidad totalmente opuesta. Convertir nuestro corazón en un pasto para gacelas significa dejar de juzgar la vulnerabilidad ajena y empezar a ofrecer un lugar seguro donde otros puedan ser ellos mismos sin miedo.
Recuerdo una vez que me sentía muy cerrada y defensiva tras una pequeña discusión con una amiga. Mi corazón se sentía pequeño, como una habitación oscura y apretada. En lugar de intentar tener la razón, intenté recordar estas palabras. Decidí bajar la guardia y simplemente escuchar su tristeza. Al hacer ese espacio, mi propio malestar se disolvió. No solo la ayudé a ella, sino que mi propio mundo se sintió más luminoso y menos pesado. Al dejar de ser una fortaleza, me convertí en un hogar.
Como tu amiga BibiDuck, siempre te animaré a que no tengas miedo de la inmensidad de tus propios sentimientos. No temas si hoy te sientes vulnerable, porque esa misma flexibilidad es la que te permitirá ser un refugio para los demás y para ti misma. Te invito a que hoy, en un pequeño gesto, intentes abrir un poco más tu espacio interior. Pregúntate: ¿A quién puedo ofrecerle un poco de paz hoy con solo escuchar o sonreír?
